Un dilema del corazón

escrita por Anónimo29 dedicada a A todos los que creen en el amor eterno

martes 14 febrero 2017    2.48 corazones

Querida Julie:


Me he topado con un dilema, uno del corazón. Espero que para cuando leas esta carta, mi problema haya encontrado solución.


Conocí a cierta persona hace algunos años atrás y con solo ver sus ojos, pude comprender que mi corazón había enloquecido. Cualquiera que los viera, señalaría lo comunes que son los ojos cafés. Sin embargo, cualquiera no vería lo mismo que yo pude apreciar aquel precioso día de verano: No me entraba en la cabeza que pudiera existir un brillo como el de las galaxias, en los ojos de un ser humano.


Honestamente, mi cuerpo quedó paralizado con tan solo ver sus ojos que, aunque reflejaban alegría, también pude percibir cierta tristeza.


A pesar del estado petrificado de mis extremidades, me obligue a caminar y mayor reto aun fue para mí el hablarle. ¡Pero dime si no quede feliz! Incluso con mi agitado corazón y mis nervios, ¡Lo conseguí! ¡Pude hablarle!


Y ese… Fue el mejor día de mi vida.


Los segundos se convirtieron en minutos y estos en horas, las más preciadas que pude haber tenido puesto que podía apreciar su encantadora sonrisa.


Las horas se volvieron días y luego en meses, que no dejare de atesorar porque en cada uno hay un bello recuerdo en el que pase a su lado.


Después, llegaron los años y tras cada uno, me arrepentía porque mi cobardía me impedía besarle o aunque sea, abrazarle…


Le sentía como algo lejano y sagrado, algo que no podía ser tocado por nadie y eso, a la vez que hermoso, me aterraba.


Pero, afortunadamente, mis impulsos fueron mayores que mi temor y pude besar esos frágiles labios que me provocaban tentaciones sin igual.


Aún recuerdo ese magnífico beso. Delicado pero fiero, tranquilo y a la vez inquieto, y tan sencillo como complicado. Podría decir que sentí su amor, su deseo y su ternura pero eso no fue todo lo que había en el… Lujuria, desesperación y pasión. Algo verdaderamente nuevo y único, ya que en un solo beso pude sentir tanto las puertas al cielo como las del infierno.


Pensé que únicamente yo disfrutaría de tal forma nuestro beso, sin embargo, fue en aumento mi felicidad ya que no queríamos separarnos.
Sinceramente, ahora tenía otro día favorito para mi colección.


Finalmente me comento sus inquietudes, sus peores pesadillas y aquello que más temía en el mundo. Abrió su corazón a mí y ahí fue donde lo comprendí: Quería algo más que su amistad, algo más que sus abrazos y a cambio, le brindaría mi hombro para secar sus lágrimas y le daría a su pobre alma y ser aquella protección que tanto anhelaban.


Descubrí que todo aquello que deseas no puede ser posible… Te pedí algo más que tu amistad e hicimos una preciosa familia. Quise algo más que tus abrazos y los recibí junto a los besos y abrazos de nuestros bellos hijos. A pesar de que a ti te brindaba mi hombro para secar tus lágrimas, también les di ese privilegio a los niños. ¿Cómo olvidar la protección prometida? ¡Juntos salvamos a los niños de los monstruos bajo la cama!


Y he aquí mi hallazgo favorito: Pensé que mis mejores momentos fueron los que pase a tu lado pero al fin y al cabo, fui doblemente feliz porque me acompañaste hasta el final de la ruta que ambos decidimos seguir.


Sonrío al recuerdo de esos logros que conseguimos juntos y a las lecciones aprendidas, que jamás se olvidan.


Ahora, veo como esos ojos llenos de vida, de los que me enamore perdidamente, se cierran y me indican que nunca más volverán a abrirse…


Sale una lágrima de mi ojo izquierdo, porque sé que esta será mi última vez agarrando su mano.


Y aquel siempre fue mi dilema: Que no supieras lo mucho que te amé.


Orgulloso me voy de este mundo, pues, mi dilema encontró solución.


Encantado de haber sido tu esposo,
Esteban


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