TRES CARTAS PARA UN ADIOS

escrita por NIQUEL ADA dedicada a MELE NITAS

jueves 11 febrero 2010    3.33 corazones

Ingenuidad

 

 

19-11-2008

 

 

            Hace siglos que no escribo nada. Es una de las consecuencias del “revolcón” que ha dado mi vida en este último año. La verdad es que, si el día 31 de diciembre de 2007, antes de conocerte, me lo llegan a adelantar, creo que no me lo hubiese creído.

 

            Con todo, este año ha sido uno de los mejores -sino el mejor- de mi vida. Es cierto que le he dado un “vuelco”, pero para mejor. No me cabe la menor duda.

 

            Sé que nunca te olvidaré. ¿Quién me lo hubiese dicho a mí cuándo te acercaste a hablarme, por primera vez, en aquel pub?. Algo me gustaste, pero nada fue radical ni instantáneo, como suele suceder con las mejores cosas.

 

            Me fuiste ganando poco a poco con tu delicadeza, tu estar pendiente de mí. ¡Cómo podía yo sospechar que todo aquello era ficticio, una comedia!. Dios, aún no quiero asumir que realmente fuese una farsa…necesito creerlo así.

 

            Tengo en la cabeza gratos recuerdos, momentos que compartimos que llevaré guardados en mi corazón hasta el final de mis días: la primera noche, aquella tarde en tu ciudad, el finde que pasamos juntos, las noches eternas, las habitaciones de hotel o la última vez que nos vimos…

 

            Me quedo con lo mejor, con esos instantes mágicos en que deseé con toda mi alma que el tiempo se detuviese para nosotros y continuar eternamente abrazada a ti.

 

            Una vez leí en alguna parte que la vida es así: contradictoria, caprichosa y cruel. Cuando te empecé a querer, tú comenzabas a ignorarme. Nunca me amaste, creaste para mí una ilusión fugaz que convenía a tus intereses.

 

            No logré que te enamorases de mí y esa es mi pena. ¡Te pesa tanto el dolor!. Sospecho que nunca llegué a rozarte siquiera el corazón. Pero yo te amé, no me importa reconocerlo, con la ternura con la que se ama al primer chico con el que compartes tú más profunda intimidad, con toda mi ingenuidad e inexperiencia de la vida. Te amé de verdad y, aunque nunca llegues a saberlo, tocaste mi fibra más profunda, aquélla que nunca lo había sido con anterioridad.

 

Aún te quiero.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Esperanza

24-11-2008

 

Pensar en ti aún me produce un profundo dolor. Lo peor fue despertar de ese sueño, de esa comedia que tan bien preparaste para mí. Es cierto que he sido -aún lo soy en el presente- una auténtica ingenua, pero esto no debe servir para excusarte. Quizás algún día pueda ver las cosas objetivamente y reprocharte tu comportamiento, pero hoy por hoy aún me importas demasiado.

 

Este año que está a punto de finalizar ha sido para mí mágico, un año distinto, que me ha permitido librarme de muchos miedos, complejos e ideas preconcebidas que me tenían maniatada.

 

A pesar de todo lo que me has hecho sufrir, tengo que reconocer que conocerte ha sido un auténtico placer. Contigo lo que pasado genial, he vivido nuevas experiencias, irrepetibles y para mí antes desconocidas. Te elegí para que fueses el primero y no me arrepiento nada de haberlo hecho.

 

El balance, por lo tanto, es muy positivo. Prefiero acordarme de los buenos momentos que compartimos y que nunca olvidaré: aquellos momentos que guardo en el lugar más íntimo y recóndito de mi corazón.

 

Yo sí puedo decir que me entregué a ti de verdad, cómo sólo se hace con el primero con el que estás. Hubiera podido amarte, pero tú siempre te has parapetado detrás de una muralla defensiva que levantaste a tu alrededor.

 

Creo que lo he intentado, no me queda pena alguna este sentido. Una y otra vez quise acercarme a ti para rozarte el corazón y, una y otra vez, he salido derrotada.

 

Nunca sabré si esa no-esperanza, ese escepticismo que te acompaña es una disculpa o existe realmente. Nunca sabré si he llegado a significar algo para ti.

 

¡Cuánta incertidumbre!. En cambio yo sí tengo la certeza de que hubiese hecho cualquier cosa por ti. Como tú mismo me dijiste, a lo mejor mi error fue ese: habértelo puesto siempre demasiado fácil. ¡Es que es tan difícil fingir indiferencia cuando se siente tanto!.

 

No sé si volveré a verte. Sólo le pido al destino que, pase lo que pase, no me vuelva a hacer sufrir. Le pido ESPERANZA para ti y para mí. Y aunque no quiera ya volver a unirnos más, si pudiera formular un deseo, cerraría los ojos y durante un instante soñaría de nuevo con el contacto de tus labios y el roce de tu cuerpo sobre el mío…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Milagro

25-11-2008

 

            ¡Qué duro se me hace no saber nada de ti!. Sólo pensar en que quizás no vuelva ya a verte más me produce auténtico dolor. ¡Cómo asimilar que los buenos momentos que pasamos juntos se vayan convirtiendo, poco a poco, en simples y desvaídos recuerdos!.

 

            ¿Qué sería capaz de dar porque sintieses algo parecido a lo que yo siento?, pero está claro que no se puede obligar a nadie a que te quiera. La vida es así y hay que tomarla como viene. ¡Echo tanto de menos lo que viví contigo!. Fueron, sin duda, los mejores meses de mi vida. La verdad es que, por algún tiempo, creí estar en un sueño y, al final, resulta que realmente lo era: un auténtico sueño. La realidad era otra bien distinta: yo simplemente fui una más con la que enrollarte aquella temporada. Me daría bofetadas por lo ingenua que fui…

 

            Ya veo que hoy no quieres saber nada de mí, ni un triste correo, ni siquiera un mensaje. Yo me acuerdo de ti todos los días, es más eres mi último pensamiento antes de conciliar el sueño. Me acompañas los días y las noches. ¿Cuánto tardaré en olvidarte?. No lo sé, tengo miedo de que te acabes convirtiendo en una obsesión.

 

            Me gustaría tener una varita mágica que me permitiese llegar hasta tu corazón, tocar tu fibra más sensible y destruir, una a una, todas tus corazas. Desearía darte esperanza, hacer desaparecer tu escepticismo, curar tus heridas más profundas y ser el bálsamo que aliviase tus cicatrices.

 

            Apareciste inesperadamente en mi vida y tu interés nunca dejo de sorprenderme, lo mismo que hoy lo hace tu total indeferencia. ¡Ojalá pudieses llegar a quererme!. Creo que para eso haría falta un milagro, pero es que el amor en sí mismo siempre lo es: un MILAGRO.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El adiós

15-1-2009

 

            Este comienzo de año no está siendo feliz. Aunque hace relativamente poco que he vuelto a estar contigo, me ha quedado un sabor amargo en los labios. Desde los sms que intercambiamos la noche de fin de año, no he vuelto a saber nada de ti. Es cierto que, a diferencia de lo que me sucedía hace unos meses, ya no ocupas todos mis pensamientos de forma exclusiva, pero tampoco he conseguido arrancarte del todo de mi vida. Me entristece enormemente el pensar que, poco a poco, te irás diluyendo y que nuestros encuentros se irán convirtiendo para mí en sólo bonitos recuerdos.

 

            Conocerte ha supuesto un giro radical. Me siento totalmente desorientada. Vamos que no me conozco ya ni a mi misma y hasta, a veces me quedo sorprendida de mis reacciones. He perdido referencias, valores, ideales. Creo, sinceramente, que me he convertido en una persona peor. Ya no me veo especial, sin saber si realmente esto es bueno o malo. La vida me ha endurecido, he perdido la ingenuidad y frescura que tenía y, al final, aunque con retraso como siempre me sucede, me he convertido en una persona adulta.

 

            De esta vez, intuyo que la despedida es definitiva. Es difícil decir adiós a alguien que fue tan especial para mí, pero tú no me das ninguna otra opción. Eso sí, me gustaría que, al menos, guardases un buen recuerdo de mí. Yo sí te aseguro que jamás te olvidaré. Serás para mí siempre ÚNICO e IRREPETIBLE y, con el paso del tiempo, puede que hasta un día podamos ser amigos.

 

            Hasta entonces, cuídate mucho.  


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