Tengo miedo de olvidar tu rostro

escrita por Anajata dedicada a Edna Liliana

domingo 1 febrero 2015    2.50 corazones

Amor mío:

Te escribo estas letras aun a sabiendas de que tendrás poco tiempo para leerlas, poco tiempo para sentirlas. Y te escribo y no te las digo por teléfono, porque sé que necesito creerme de nuevo nuestra historia, necesito saber qué ocurrió y que no estoy loca, que eres real, que existes, que no solamente estás en mi mente..

¡Ay, amor!

Desde que te volviste a tu tierra, tan amada, tan lejana, noto tu ausencia en todos los espacios de la casa, y a veces, temo que tu rostro se me olvide, que tu voz deje de resultarme familiar, que tus besos ya nunca más existan..

Hasta ahora ha sido breve nuestra historia, aunque el poco tiempo compartido y vivido contigo ha sido como una bomba expansiva en mi corazón, en mi cerebro, en mi ser. Ya sabes que en cuanto te conocí te sentí, amor mío, allí sentada en el suelo del salón, antes de empezar el taller de biodanza en donde un juego del destino nos hizo coincidir, jugueteando con una pinza del pelo y con la mirada perdida en ella. Yo acababa de entrar en el salón, y mi mirada se quedó prendada de ti.. Tu cabello, tu figura.. Era la primera vez que venías, y que yo te veía. Tanta belleza y elegancia me impactaron, me extasiaron el corazón, y tuve que concentrarme en dejar de mirarte para que no te dieras cuenta.

Desde ese día, supe que quería estar contigo, que quería besarte, que nuestro amor sería grande, que nuestras manos decidirían tomarse para caminar en compañía el camino de la vida.

Al acabar el taller vencí mi timidez, y me acerqué, y fue entonces cuando sentí tu tristeza, tan palpable, tan intensa. Poco después supe que acababas de dejar una apasionada relación y que tenías el corazón partido en pedacitos. En mi impaciencia, pensé que ya nunca estaríamos juntas, que nunca podría besarte y abrazarte. Un año y medio después, amor, estábamos en nuestra tetería, dándonos nuestro primer beso, nuestro sello y nuestro sí a empezar esta aventura del amor maduro, del amor real. Hoy, después de dos años juntas, dos años en los que me he sentido más amada y deseada que en toda mi vida, en los que he descubierto la generosidad y la paciencia, la libertad, no entiendo este miedo mío a olvidarte, amor, no lo entiendo. Hace unos días te llamó tu hermano desde Colombia: “Papi no está bien”, y sin pensarlo, te compraste un billete para viajar, sin fecha de vuelta. Y después de cinco días sintiéndote en cada rincón de la casa, en cada cojín y en nuestra cama, en tu lado de la cama, tengo miedo a que algún detalle de tu rostro hermoso se me olvide, amor, a que este dolor, este abandono, se adueñe de mí, de mi vida, a que ya no pueda volver a verte.

Y sé que probablemente nunca pueda enviarte esta carta, amor, ¿cómo voy a hacerlo sabiéndote entre cuatro paredes de una triste habitación de hospital de Bogotá?

Es éste un acto interesado, amor: necesitaba escribir y sobre el papel leer que sí, que esto fue real y existió, que no sólo existes en mi mente loca, sino en mi corazón, que te recuerda, conquistado y enamorado.

Desde mi corazón, desde nuestra ciudad, un abrazo, amor, un beso, y una imagen que me recuerde tu rostro, que me centre en la belleza de tus ojos.

Hasta siempre, hasta pronto… 


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