TENGO FRÍO

escrita por TRÉBOL dedicada a Mi pareja

miércoles 23 enero 2013    4.07 corazones

TENGO FRÍO

Amada mía, hoy he vuelto a nuestra casa. Llovía, y te imaginé  llorando. Me he sentado unos minutos en el escalón del portal 53. El polvo de las ventanas disfrazaba los recuerdos y el cartel de “SE VENDE” tapaba el desconchón que hice con el coche la noche en que te fuiste. Las macetas se habían secado y lucían fantasmagóricas sobre el pozo del patio. Vienen a mi mente la necia despedida, cuando mi alma abigarrada se disfrazó de falsa indiferencia y el repentino silencio maquilló un dolor intenso y compartido. El escepticismo de tu mirada lánguida cerró las persianas del tiempo, húmeda como la tibia lluvia que azotaba los cristales de ese otoño temprano. Como actor de tragicomedia griega, me  bebí de un trago el veneno de esta maldición que yo mismo había buscado;  y la soledad me abrazó y se acostó de puntillas en mi cama fría.  “El mayor dolor del mundo no es el que mata de un golpe sino aquel que gota a gota, horada el alma y la rompe”…y el veneno de tu ausencia se cuela en mis venas lentamente.

Entonces ha sobrevolado mi cabeza una paloma blanca de alas rojas; nunca antes la había visto. ¿Cuántas probabilidades puede haber de encontrar una?... ¿Cuántas posibilidades puede haber de que  puedas perdonarme?

Querido amor, disculpa si te cuentan que me han visto llorar recostado sobre la mugrienta barra de la taberna de la esquina, la de pestilentes barriles con telarañas y azulejos desvencijados. Perdona si me dejé llevar por aquellos que me invitaban una y otra vez a un trago de olvido. Tal vez te digan que me han visto vagar desaliñado por callejuelas estrechas perfumadas de geranio y madreselva. Créeme, ese no soy yo… es la sombra que de mí queda, es el fantasma que camina errante y se sienta en los bancos de piedra de las plazuelas para aspirar el aroma de jazmines de  macetas repintadas por viejas de pueblo con rodete y delantal de lunares. No se han vuelto mis gustos refinados y minimalistas, es que aprendí a cubrirme con la esencia de lo pequeño, y ahora me paro a acariciar el musgo que crece entre los adoquines del sendero de la plaza de la iglesia… donde te vi por primera vez haciendo una diminuta palomita de papel con un ticket de autobús. Cada noche colocabas un ramillete de jazmines recién cortado junto a la cama, en un pequeño jarroncito de porcelana, feo y anticuado. Mis noches de pasión olían a jazmines; tu aroma se confundía con ellos, y ese es ahora el perfume de mi recuerdo, el que busco desesperado por todos los rincones.

Mi mundo era maravilloso y ahora me cuesta respirar en esta agonía eterna de tu ausencia. ¿Por qué el amor se enfrió? ¿Por qué tu luz se apagó, si eras el faro que iluminaba, si eras la brújula de mis desvaríos?  Es cierto que me he cubierto de canas en pocos meses y he perdido peso, pero es que no tengo ganas de vivir. Es que sin ti la brisa no me refresca, ni las hojas del otoño tocan música bajo mis pies; es que perdí la ilusión y ya no busco tréboles de cuatro hojas en las macetas. Sin ti  los días son tediosos y el fin de semana es un calvario que acrecienta el vacío. Perdóname, amor, por fallarte. Sé que no te gusta verme así, pero me siento mejor con la mente adormecida. Es curioso, el dolor es tan grande que me cuesta  llorar (será el efecto de las pastillas) mientras noto que piso, como cristales, los trozos de mi alma que crepitan bajo mis pies. Por eso cuando una canción me toca el alma y  en la soledad de la noche una lágrima corona mi almohada, sonrío. El sueño es un amigo cobarde que escapa a hurtadillas; en la oscuridad callada, cada noche sale el sol para dar luz a cada sueño que  invento, y vuelves a pasear en camisón entre trigales dorados, y bailas un tango con la almohada. Mi deseo encadena escenas prohibidas disfrazadas de pureza desnuda. Arde la tentación en tu recuerdo de desnudez,  y mi desesperación  rompe en erupción siendo infiel a la razón. Duermo mucho, quizás demasiado, pero es que en mis sueños siento el suave roce de tus manos en las mías, y vuelvo a verte colándote en mi cama con los pies helados y el alma ardiente. El erotismo visita mi alcoba y la distancia, envidiosa, me observa lujuriosa y lasciva. En la morada del sueño, todos aquellos pequeños  recuerdos olvidados se ordenan en mi cabeza como las piezas de  un extraño puzle. Perdidos en la encrucijada del olvido, adormecidos en la desidia eterna, retumban en mi mente renaciendo melodías de vivencias pasadas. Suenan como un eco lejano. Mi discreta juventud se escapa en un segundo, agoniza lentamente y la vejez se cierne en mi alma. El vacío de mi  corazón emana y la soga de la tristeza asfixia mi garganta. La desesperación anida en mi calma, y el silencio susurra tu nombre en mis oídos.

Hoy he vuelto a nuestra casa con ciento cincuenta fotocopias de esta carta de amor extraña y desesperada; hechas en todos los colores: rosa, azul, ocre… y verde esperanza. He estado todo el día haciendo palomitas de colores y las he ido colocando en todos los rincones de nuestro hogar. Me he enterado de que hoy has citado a un posible comprador y vendrás en el tren de las seis. Me duelen los dedos de plegar el papel con la esperanza de una oportunidad. Esa paloma de alas rojas sólo puede significar un futuro  contigo, o al menos eso quiere imaginar este hombre con el pelo teñido de vejez anticipada que hoy se vuelve un chiquillo contagiado de tu bendita locura. Yo, que estaba aquejado de la enfermedad de la prisa del asfalto, yo que vivía para el trabajo, yo que me avergonzaba cuando te vestías de “mamarracho” para ir a los conciertos de tu cantante favorito, me he sentado en el suelo de un salón sin muebles para ver en el internet de mi teléfono móvil cómo se hace una pajarita de papel. He llenado las paredes vacías con las letras de tus canciones favoritas (o me perdonas o tendrás ganas de matarme). Yo no quiero un amor racionalizado, yo quiero vivir una aventura contigo cada día. Quiero pasear por la playa de tu mano. No quiero explicaciones, mi paloma de blanca tez y rojizo pelo, yo lo que quiero es morirme contigo y, como decía Sabina, que el fin del mundo nos pille bailando. Voy a valorar la vida, y a paladear cada día como si fuese el último.  No despreciaré el perfume de una pequeña flor .Disfrutaré de cada comida, de cada sonrisa, de la brisa en tu rostro. Me embriagaré en la aurora del olor de la tierra mojada, del placer de unas sábanas recién puestas. Bailaré con mis miedos al son de tu canción preferida porque nada es eterno. La primavera de nuestro amor fue fugaz, y el melancólico otoño irrumpió pisoteando nuestras vidas, pero el viento de la esperanza te pide una nueva oportunidad y deseo que el invierno de mi alma florezca con tus caricias.

He cambiado el calor de tu cuerpo por sábanas de Pirineo; ahora siempre tengo frío. La chica del tiempo dice que han subido las temperaturas, pero yo sigo helado… debe ser la soledad. Las viejas dicen que aquí no hace frío, que hace humedad, y me cala los huesos de madrugada.  Mañana voy a comprar una estufa. No, mejor voy a poner aire acondicionado; quiero tener calor a todas horas para olvidar. OLVIDO… ¡Qué bella palabra! Si  pudiera comprarse… si yo pudiese ir a la tienda de la esquina y pedir cuarto y mitad de olvido,  para  borrar el calvario del sinsentido, para tachar tantas preguntas sin respuesta, para obviar el olor de los jazmines que me evocan tu cuerpo impresionante…

Perdóname, amor, si te cuentan que me han visto dando tumbos por la calle, sin perfume y desaliñado. Dijo Séneca que “el vino lava nuestras inquietudes, enjuaga el alma hasta el fondo y asegura la curación de la tristeza”, pero siento disentir con tan ilustre filósofo: al final de este túnel de espanto no  vislumbro luz alguna; el camino que emprendí empezó y acabó contigo, y la falacia del alcohol  no se llevó ni una milésima parte de tu recuerdo dulce. Entre mis sábanas de seda, las espinas de la tristeza se clavan y las noches de desvelo son eternas. Dicen que sólo dicen la verdad los niños y los borrachos, por eso voy gritando por las calles “TE AMO” mientras la gente se aparta de mi lado. Siento avergonzarte, PALOMA  libre… pero estoy loco por ti  y aún no he encontrado esa tienda donde venden el OLVIDO.

 


En esta web utilizamos cookies, tanto propias como de empresas colaboradoras, para obtener datos estadísticos de la navegación de los usuarios, lo que nos permite mejorar la información y la publicidad que te mostramos y adaptarla a tus hábitos de navegación. Si continúas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Más información