Te amo

escrita por Lutrom dedicada a M. Jazmín

miércoles 8 febrero 2017    2.86 corazones

A M. Jazmín.

 


Quiero confesar aquello, que nunca pude decirte.

Quiero darte el regalo más preciado del mundo.

Leí de un poeta maldito que “El Amor está sentado sobre el cráneo de la humanidad”. Que irónico. Tu eres mi amor, y eres mucho más que toda mi humanidad.

 


Quise creer que era imposible. Que alguien como tú jamás existiría. Que nadie podría nunca crear algo como tú, una dama tan empírea que de solo tenerte a mi lado puedo sentir que toco el cielo con las manos y me abraza en su gloria.

 


Lo equivocado que estaba no lo supe. No hasta aquella tarde cuando te conocí.

Nunca creí encontrarte. Pero ahí estabas. Lo irresoluble, lo inexplicable, lo inadecuado, que roza la burla por ser tan inigualable. Una sátira contra todas mis creencias.

 


Sin que lo notaras, alcé mis ojos hacia ti, tu rostro felino parecía brillar con un halo dorado, tu piel, como un ángel, tersa y suave, me hizo temblar. Nunca lo supiste.

 


Nunca nadie pudo describirte, nunca nadie pudo retratarte, tan hermosa y mágica, tan pura, tan única, que ni las palabras de cientos de poetas llegarían a igualarte.

 


Obnubilado ante tal presencia, sentí miedo. Un miedo terrible de ver a la mujer más hermosa de todas, de ver a alguien que dejaba de ser humana. Y quizás nunca lo sabrías, cómo tu imágen quedó grabada en mi. Porque tu a mi no me veías. Porque para el cielo son invisibles los mortales.

 


Te añoré y te quise, te quise como quiere un insecto a la llama, secretamente mi corazón divagaba y se acercaba a su inevitable fin. Mi mente lo sabía, pero nunca lo acepto. Nunca quise prever tu desamor.

 


Y con el tiempo aquella chispa me incendió al ser testigo de tu magnificiencia, al ser testigo de tu voluntad, de tu fuerza, de tu valor. Al ver como luchabas quise luchar a tu lado, al ver como enfrentabas al mundo sin temor quise ser valiente para ti. Me armé con devoción, y cada día más lo dí todo de mi. Añorando el momento en que me vieras, el momento en que pudiera verte a los ojos, tus preciosos ojos, y confesártelo todo sin temor alguno, por haberte dado todo cuanto pude.

 


Este es el momento.

 


Amada mía, mi corazón palpitante en mis manos se debate entre el olvido y la esperanza.

 


Como un niño, locamente te ama. Ni el tiempo, ni el frío ni el miedo le disuadieron. Su amor por ti, bañado en metal, te entrego, y a tu merced me arrodillo, rogando oír cuanto siente el tuyo.

 


Te amo, y hoy ya no temo decírtelo. Te amo con el alma y la vida, te amo con el presente y el futuro, te amo por todo cuanto eres y por todo cuanto serás y fuiste.

 


Y así simplemente, tembloroso, sin escudos ni ataduras…

 


Te amo.


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