Te amé

escrita por Jate dedicada a Bea

lunes 26 enero 2015    2.43 corazones

Te amé. Te amé desde el momento en el que te vi salir por la puerta de “llegadas”. Pensé que eras como imaginaba, incluso mejor. Pensé que ya quería que fueras parte de mí para toda la vida. Pensé “esa es mi chica”. Me convenciste de eso.
Te amé mientras no me mirabas al principio, porque esa timidez me la quería comer a besos.
Ah, también te amé cuando buscaste el primer beso que nos dimos, porque pensé “¡por fin este momento!”
Te amé de camino para el hotel porque volví a sentirme como un niño perdiéndome en el metro contigo sin pensar lo que hacía.
Nos parábamos a cada instante para besarnos y ahí también te amé. Con toda mi alma además, dejando mis labios en los tuyos ya para siempre.

Te amé cuando llegamos a la habitación porque por fin el mundo era solo nuestro y te amé cuando me diste lo que traías para mí porque acertaste en todo, dándome más razones para pensar que estás hecha para mí.

Luego te amé mucho más. Te amé con la piel. Te amé con mi cuerpo entero.
Te amé con tierra, con agua, con aire, con fuego.
Con tierra porque era lo único que nos unía hasta ese momento, además del cielo.
Con agua porque procuré dejar mi saliva en cada parte de tu cuerpo.
Con aire porque era lo que me regalabas con cada suspiro, con cada grito que me devolvías mientras te amaba.
Con fuego porque nunca viste fuego mientras te amaron en otras ocasiones.
Te amé. Una vez, y otra, y otra más. Y me pedías que te amara más. Y volví a amarte. Te amé dentro de ti.

Y amanecimos amándonos. E hiciste que por primera vez se me hiciera de día amando a alguien, y tantas veces. No sé ya ni cuantas. Perdí la cuenta.

En el día nuevo que estrenamos juntos seguí amándote otra vez más. Hasta que el reloj nos echó de aquella habitación que dejamos llena de nosotros.

Te amé mientras callábamos deshaciendo el camino que hicimos juntos el día de antes. Porque los dos callábamos por la misma razón.

Y al final de todo, con las pocas lágrimas que me quedaban ya, te amé. Y también me odié porque al irme parecía que te dejaba abandonada en ese banco sin ningún motivo, cuando en realidad tendría que haberme ido contigo para no volver jamás de donde vine.
Mi sitio está donde tú estés y allí he de seguir amándote. Y te prometo que no tardaré mucho en seguir amándote de cerca y tú ya sabes lo que ocurre cuando yo te prometo algo.


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