Supe de tí por la Luna

escrita por Javier de Villanueva dedicada a Paquita

martes 28 enero 2014    3.00 corazones

Querida Paquita:

 

El día que te marchaste yo estaba dormido. Me despertó el aleteo de la Luna, que jugaba con los cristales. En un claro me pareció verte flotar en el aire:

 

Te pregunté: ¿Paquita, eres tú?

 

No me respondiste e insistí. Luego te iluminé con una linterna y desapareciste sin dejar rastro.

 

Hasta ese día la muerte era el fin de todo para mí. Yo tenía veinticuatro o veinticinco años; no lo recuerdo bien, pues han pasado muchos años.

 

Esa noche te vi como nunca antes. Envuelta en una gasa de luz, flotando y bella como jamás he contemplado.

 

Recorrí lecturas y escuelas de misterios para buscarte. Lo hice desde el anhelo de decirte cosas que nunca hasta ese adiós siquiera hubiera imaginado.

 

Yo era muy tímido y tú un año mayor, una diferencia que a los diecisiete se me antojaba grande. Ahora quiero decirte sin embargo que tu sonrisa me ha acompañado desde aquél momento. Cuando llegan a mi los que más quiero, tú lo haces en compañía de los que espero encontrar algún día en el cielo: mi padre, el niño de doce años que se cayó desde lo alto de una obra y cuyo nombre no recuerdo, pero que sonríe cada vez que lo pienso, Alberto aplastado a los dieciocho por una carga de trigo y que fantaseaba ser el más fuerte de los cuatro amigos de aquellos tiempos.

 

Te he de decir que me he enamorado varias veces y estoy bien casado, con una mujer a la que amo y quiero; pero tú estás siempre en lo mejor de todo cuanto tengo. Siempre he pensado que eras un ángel y que por eso te llamaron de tanta urgencia para que volvieses al cielo.

 

Paquita si permanecemos en los que nos continúan, tú en mí en alguna medida lo has hecho. Eran duros los años setenta, pero ¿cuándo no lo han sido? A mí me gustaba ir al pueblo y solamente verte siquiera un ratito, tú me decías hola y yo con eso ya me quedaba contento.

 

En el verano de mil novecientos setenta y uno me marché del pueblo, para estudiar en la universidad laboral de Alcalá de Henares. Nunca más regresé, excepto algunos días de verano. Yo estaba enamorado de una preciosa niña a la que nunca supe decirle te quiero. Me hubiese gustado pedirte consejo; pero todo se precipitó. Me casé a los veinticinco con la hermana de mi mejor amigo e hice todo cuanto pude para enamorarme y darle lo mejor que tengo. No lo conseguí; sin embargo no me arrepiento. De aquello nacieron mis tres hijos y los mejores maestros.

 

Dicen que tenemos las respiraciones contadas y que hay que vivir el ahora; yo así lo hago, pero mi ahora son también los recuerdos. Hay cosas que si pudiese revivirlas las haría como las hice para no cambiar lo que ya ha sido, pero sí que añadiría una sonrisa y un te quiero a muchos de los que en mí tengo.

 

Te sonrío y te doy las gracias. Ahora sé que el amor es antes que nada quererse bien a uno mismo; lo otro es quererse pero menos. Lo intento. Me quiero cuidándome y siendo paciente en la medida que puedo; quiero estar preparado por si también llega mi momento.

 

Decirte también Paquita, que otra noche si te apetece nos vemos de nuevo en el viento, o en la Luna o directamente en el cielo.

 

Un beso, Paco

 

 


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