Secreta mujer

escrita por Atado al cordel dedicada a Elena

lunes 13 febrero 2017    2.00 corazones

Arránqueme, señora, las ropas y las dudas. Desnúdeme, desdúdeme. (Eduardo Galeano, poeta uruguayo, de su libro “El libro de los abrazos”)
 

Vida mía,

Eres mi amor furtivo. Eres mi secreta mujer. Hace más de un año que nos vemos, agazapados en las sombras. Hemos de ser discretos los dos. Tú y yo. Lo nuestro empezó como una travesura. Caímos alborozadamente en la vedada tentación de estar juntos, de salir, de jugar a novios quitándole  treinta años de encima a nuestra bien llevada madurez. Yo avancé más rápido que tú. Me enamoré  enseguida. Tú recorriste el mismo camino más pausadamente, madurando tus querencias con mimo, dándole tiempo al corazón para que derrotara a la razón.

Ahora estoy perdidamente enamorado de ti, de mi secreta mujer. Te tengo atravesada entre los párpados y muchas noches no me dejas dormir. Hubo un tiempo en que quise pedirte que me dejaras, que te fueras. Ya no puedo, ya no quiero. Tú eres  mi vida.

Nos vemos en lugares discretos, sumergidos en cómplices oscuridades. Cuando   vamos al cine nos acomodamos en las últimas filas, nos besamos y acaricio tus dos palomas dormidas..

Algunas veces hacemos el amor.  La primera vez fue hace seis meses. Nos costó decidirnos. Yo no tenía nada claro si sería capaz de sumergirte en las luminosas honduras de nuestro amor y temía defraudarte  y quizá perderte. Otra cuestión fue dónde hacerlo. En un hotel era muy arriesgado. Si alguien conocido nos veía juntos entrando o saliendo, el preciado tesoro de nuestra discreción podía romperse en mil pedazos.  Ahora nos amamos en ese apartamento para parejas, de esos que alquilan por horas. Me gusta que en la cama seas tú la que lleva la iniciativa. Tienes tu liturgia amorosa propia, nada de prisas y  mucho de caricias; caricias y besos  recorriendo nuestros cuerpos. Te deleitas al quitarme la ropa despaciosamente. Algunas veces te digo que, igual que me arrancas la ropa, que me arranques las dudas. Que me desnudes y que me desdudes.

Me haces muy feliz cuando  pasamos juntos todo un día y me llevas con tu coche a bellos lugares, comemos en restaurantes, nos hacemos fotos, nos besamos en parajes recónditos, caminamos cogidos de las manos y nos inquietamos si sospechamos que alguien puede descubrirnos. Eres mi secreta mujer. Hace unos días tuvimos mucho tiempo para hablar de nosotros y de nuestro futuro. La travesura de hace más de un año se ha convertido en un amor apasionado.  Vamos a vivir juntos, tenemos que desenmascarar nuestro amor. Definitivamente, has arrancado mis dudas. Tienes que hablar con mi hermano, tu marido. Yo le comunicaré al Obispo mi renuncia irrevocable y solicitaré mi dispensa sacerdotal.

                                               ATADO AL CORDEL

 


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