Renovación

escrita por LIAH PERSON dedicada a A tí, siempre a tí, después de todo

jueves 2 febrero 2017    2.30 corazones

Te escribo porque quiero recuperar lo bueno, lo verdadero que había entre nosotros, lo positivo de lo nuestro, todo aquello con lo que tú me complementabas y con lo que yo te completaba a ti.  Te escribo porque no lo encuentro o porque no lo recuerdo o porque ya no importa. Porque quizá la vida y la madurez me hacen pensar que todo aquello no eran más que castillos en el aire, que pájaros en la cabeza, que cuentos de la lechera. Porque puede que todo ese convencimiento de que estábamos hechos el uno para el otro fuese una burbuja creada a la medida, un traje cosido con los patrones mil veces medidos para conseguir que nos encajase a la perfección. 

Me ronda la cabeza un pensamiento incómodo, molesto, al que no quiero hacer caso porque me va a dar mucho trabajo, y tengo pereza y no quiero volver a empezar porque quiero estar convencida de que ya lo tengo todo hecho, de que lo nuestro es sólido y fuerte y grande, y quiero decir con la boca llena que nos queremos y que siempre va a ser así, y que nosotros estamos por encima, y que lo nuestro nunca va a caer en esos abismos profundos y hondos de los que otras parejas débiles y flacas y endebles no han conseguido salir. Y quiero pronunciar esas palabras con todas sus letras porque quiero tener la certeza de que digo la verdad, y quiero que me salgan de dentro y poder contárselo a nuestros hijos.

Pero el pensamiento incómodo, la sensación de haber terminado con millones de cosas definitivamente, se impone y me resulta muy difícil seguir mirando para otro lado, enrocada en lo de siempre, volviendo a repetirme las mismas cantinelas que tanto me cuesta ya creer. Soy un disco rayado que justifica todo, que se repite una y otra vez idénticas letanías, retahílas que tuvieron mucho sentido y que estaban cargadas de razones hace mucho pero que, lo quiera o no, ya no me sirven.

Porque ya no somos los mismos, porque la historia ha cambiado, porque la vida va por su cuenta y pisa y arrasa poderosa.

Y navego más profundo aún y sólo me queda una verdad: que rompería en mil pedazos mi propia identidad, que no me sobreviviría después de destruir el latir de nuestro amor.  Esa idea me rompe por dentro y me provoca un vómito de bilis, un rechazo visceral. Eso es un NO, un No Rotundo.

La encrucijada entonces me muestra un único camino. La renovación. Que el gusano rompa su crisálida por fin, que salga la mariposa, que resurja el ave Fénix pero no como el que fue sino cambiado y nuevo y diferente. Que nos miremos y nos veamos tal y como somos ahora, olvidándonos de ayer, pasando la página, escribiendo un nuevo libro que vuelva a empezar desde el principio. Un nuevo principio para una nueva historia, una nueva versión de nosotros mismos, de otros, de dos que fueron unos y se quisieron y construyeron muchas cosas, y ahora son dos que quieren quererse y quieren seguir construyendo cosas… pero a los que no les sirve esta vasija y tienen que romper el molde para hacer uno nuevo, con arcilla a estrenar, remangándose como artesanos que van a ponerse a trabajar.

Trabajo arduo, trabajo desde cero, consciente y esforzado. Pensando en ellos, pensando en nosotros mismos.  Vernos ahora quienes somos, no quienes éramos o quienes pensábamos que éramos. Ver a dónde vamos, y ver cómo llegamos.  Trabajo digno, respetable, que nos otorgue la dignidad perdida y nos devuelva la esencia. Trabajo de transformación real con un objetivo claro, en función de la búsqueda del equilibrio que nos permita seguir avanzando, decididos.

Como los adolescentes tienen que encontrar su sitio para hacerse jóvenes, nosotros ahora tenemos que encontrarnos para entrar con pie firme en nuestra nueva etapa. Proceso de cambio vital que tenemos que afrontar desde hoy, antes de quedarnos atrapados en nosotros mismos, antes de que se nos olvide cuánto nos queremos y lo largas y hondas que son, y siempre fueron y siempre serán, las raíces de nuestro amor.


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