Recuerda lo que dijo el Cuervo

escrita por Luna D. dedicada a Pitufo, que me rompiste el corazón

martes 31 enero 2017    2.19 corazones

Recuerda lo que dijo el Cuervo.

Querido Pitufo,  

Siempre se me ha dado bien escribir, y tú lo sabes mejor que nadie, te he compartido mis sueños frustrados de ser escritora en incontables ocasiones, y he tratado de explicarte ese afán mío de utilizar palabras rebuscadas en mi vida cotidiana. Pero aunque dedique la mayor parte de mi día a formar oraciones con un poco de coherencia, ya no sé cómo escribir para ti. Aunque en realidad nunca  he sabido escribir para ti, pues de haberlo hecho hace un tiempo que te habría convertido en mi mejor novela, como tantas veces prometí hacer. Es que tú interrumpes mi proceso creativo. Este año mi escritura ha estado peor que nunca y no me molesta decir que es gracias a tu mala influencia en mi vida, la que me impide juntar unas pocas palabras en alguna oración con sentido. Hoy por hoy, pienso que lo que no me deja escribir como me gusta, no merece la pena. Tú no vales la pena.

Supongo que no puedo escribir de ti porque no me gusta aceptar mi culpa, quiero decir ¿cómo podría poner en un libro que me enamoraste y rompiste mi corazón porque soy una ingenua? Eso sería vergonzoso. No puedo ponerte en mis historias porque significaría darte demasiada importancia, pero estás en mi cabeza en cada segundo del día y yo solo puedo escribir sobre lo que pasa por mi cabeza. Entonces decidí no escribir. Odio no escribir. Siempre he escuchado que las grandes obras maestras de la literatura son las más sinceras pero ahora mismo no me apetece ser sincera con el mundo, ni siquiera conmigo misma. Humillarme por mi propia estupidez es ridículo. Somos seres humanos, Pitufo, y a los seres humanos nos gusta echar culpas al prójimo, siempre es más fácil decir que mi sufrimiento se debe a ti, en lugar de aceptar que la única que me rompió el corazón fui yo misma.

¿Qué te puedo decir? Te cruzaste conmigo, una ingenua muchacha a la que le gusta aparentar ser madura y responsable de su vida, y que no recordaba lo que era sentir algo especial por alguien, porque en algún tiempo el único que me hizo sentir las ridículas mariposas en la panza fue mi perro. Entonces tú te atreviste a enamorarme, imagino que debió parecerte divertido ilusionar a la crédula chica, quinto año de secundaria siendo tú un año menor. Pero mientras intercambiábamos miradas cómplices durante la misa del domingo tu corazón ya le pertenecía a alguien más. Debiste dejar que continuara asfixiándome con el humo que echan los ancianos durante la misa yo sola, no tenías que fingir ser lindo y agradable conmigo. No había necesidad de intercambiar números de teléfono ni de entablar largas charlas toda la tarde, de decirme lo bonita que te parecía y lo mucho que te gustaban mis rulos, no tenías que hacerme reír incluso cuando estaba al borde del llanto o decir que me querías. No necesitabas mentirme.

Creo que tantas novelas de amores perfectos le han hecho algún daño a mi cabeza; por mucho tiempo sostuve, e incluso ahora lo pienso, que el amor es la única cosa en el mundo que no duele. No me querías y ahora veo que yo a ti tampoco. No en verdad. Porque tú sacas lo peor de mí. Nos cruzamos en la escuela y pasas por mi lado como si yo no existiera, y tampoco me atrevo a dirigirte una ligera sonrisa amistosa como antes, y deseo con toda mi alma poder volver en el tiempo. Luego te veo sonriéndole a la chica que te gusta, a la que quieres aunque ella te haya rechazado tantas veces que ya perdí la cuenta, y deseo que te siga rechazando hasta el fin de los días. Soy detestable ¿no es verdad? No soy capaz de tragarme mi dolor y esperar que seas feliz, porque tu felicidad es la mía y todas esas cosas que Hollywood quiere vendernos desde hace unas décadas. Soy un simple ser humano como cualquier otro, con los mismos sentimientos contaminados por el mundo, y resulta injusto que quieran exigir de mí algo diferente. Mejor. Yo seré una buena persona cuando quiera serlo.

Por lo general yo no espero lo mejor de las personas, pero tenía la ligera esperanza de que al menos tú pudieras entenderme un poco, que no fueras tan ruin como el resto de la humanidad. Como yo misma. A lo largo de mi vida he conocido a muy pocas personas que han valido y me emocionó pensar que tú podrías ser una de ellas. Lamentablemente, también decepcionaste mi corazón. ¡Pero por todas las tormentas del mundo! El corazón no es más que un músculo lleno de arterias y venas que bombea sangre al resto del cuerpo, no hay nada más que vasos y sangre en él. Una especie de bola que late dentro del pecho no es capaz de generar ninguna emoción. No sé quién fue el tonto que dijo que cuando una amor nos desilusiona nos parte el corazón, pero a fin de cuentas entiendo su punto, es mucho más poético decir “rompiste mi corazón” que “destrozaste las ilusiones que la Feniletilamina me hizo tener”, los poetas tienen más material con el que trabajar utilizando la primer frase.

Sin embargo, dejando de lado toda la rabia contenida, me gusta pensar que no tenías idea de lo que estabas haciendo, una vocecita en mi cabeza me dice que no sabías el daño que podrías llegar a hacerme. Y también sé que me lo merecía, nunca te dije que ya estaba muy lastimada, que no podía seguir siendo un juguete porque antes ya me habían hecho daño, tal vez si te hubiera contado la historia detrás de mi corazón ingenuo simplemente te habrías echo a un lado y continuado con tu vida sin mí.  Mi verdadero problema, aunque no lo admita en el triste afán de ocultar mi culpa, no fuiste tú, sino que dibujara pequeños corazones en las esquinas de mi cuaderno, cada uno de ellos en tu honor. Y el problema detrás de ese problema ni siquiera fue que dibujara los corazones en mi cuaderno, fue que aquel cuaderno era mi preferido. El cuaderno en el que escribo todas mis historias, no una ecuación de matemáticas o un poema. Las novelas y cuentos que son partes de mí, las que nacen en mi cabeza, eso te hizo incluso más importante de lo que ya te consideraba.

Ahora bien olvida por un momento todo lo que he escrito antes, no importa cuánto daño me hubiera hecho, aún me fascinan tus preciosos ojos rasgados; aunque tal vez eso sea lo único precioso dentro de ti. No me importa estar algo más rota por tu culpa, creo que en el fondo todos estamos un poquito rotos. Y en cuanto a la escritura, quizás no era tu destino convertirte en mi mejor novela, tal vez solo eras la fuente que necesitaba para una carta. No una novela o un cuento, mucho menos poesía. No me gusta la poesía. Soy escritora y lo admito con orgullo ¡No me gustan los versos ni la métrica en las oraciones! Quizás el único autor de poemas que me fascina de verdad es Edgar Allan Poe, y hoy más que nunca sus palabras cobran sentido en mi cabeza:

Y dijo el cuervo: “Nunca más.”

Es que al final todos olvidamos lo que dijo el cuervo, me repito la frase de Poe todo el día, a cada hora. Nunca más. Sé que debo recordar lo que dijo el cuervo. Pero también sé que un día no muy lejano la volveré a olvidar. Puede que no por ti, tal vez por otra persona. Me digo que nunca más me lastimarán. Ni tú ni nadie. Pero el futuro es algo incierto, por eso pensar en él causa tanta ansiedad en las persona, no podemos saber qué va a pasar mañana, ni siquiera lo que ocurrirá en los próximos tres minutos. No tiene utilidad decir “nunca más”, es una promesa que no sabemos si podremos cumplir, basta con que sea una señal de esperanza, que finalmente es lo que mueve al ser humano. Esperanza. Mientras tanto, puedes quedarte con la chica que tanto te rechaza, a mí ya no me harás daño. No tienes que preocuparte de mi corazón porque yo cuidaré de él.

Y recuerda lo que dijo el cuervo. ¡Nunca más!

Con muy poco cariño,

Luna.


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