Querida Olga

escrita por Raimundo Glocester dedicada a Olga

jueves 12 febrero 2015    1.67 corazones

Querida Olga:

Sé que te sorprenderá que te escriba, a estas alturas. Es posible que ya ni te acuerdes de mí. En todo caso, seré sólo un mal recuerdo, la historia de una mala noche que conseguiste olvidar, o lo intentas aún. Y, sin embargo, pese al tiempo transcurrido, no he dejado de pensar en ti ni un solo día. Esto no estaba previsto, a ti no puedo engañarte: lo que hice contigo lo había hecho muchas veces antes, y no he tenido más remedio que seguirlo haciendo después. Hay demasiadas mujeres de una sola noche en mi vida, no te lo oculto. Pero sí puedo asegurarte (aunque supongo que no me creerás) que contigo fue distinto. Completamente distinto. Tú eres inteligente y puedes intuir cómo somos. Quizá yo sea el único a quien tuviste la desgracia de conocer personalmente, pero tú comprendes bien que suelo hacer esto sin el menor sentimiento, con absoluta frialdad. Aquella noche yo llegué, hice lo que tenía que hacer y me largué, sin más. Tú regresaste a la cama, junto a tu marido, confusa, temblorosa, incapaz de decirle la verdad acerca de lo que había ocurrido. Tal vez ni siquiera tú podías creer que te hubiera pasado algo así. Hasta entonces habías pensado que esas cosas eran sólo ciencia ficción. Pero ya ves. Nuestras vidas se cruzaron por casualidad, y desde entonces no he podido separarme de ti, aunque sea en mi mente.

¿Qué me hizo enamorarme de ti de este modo? No sé explicarlo. Es cierto, he conocido a mujeres muy bellas. Pese a no ser de este mundo, sé apreciar la belleza en cualquier mujer. Tú eres preciosa, aunque sé que no lo crees. Aún conservo las fotos que te robé, y no puedo evitar mirarlas a menudo. Cuando vuelvo a ver tus labios, tus ojos, parece que te tengo de nuevo ante mí, casi puedo escuchar tu voz. Entonces, se me llenan de lágrimas mis múltiples ojos y tengo que volver a guardarlas. Me digo que no debo verlas, que no debo mortificarme así, pero es que lo único que conservo de ti es el recuerdo. Creo que no podría sobrevivir sin él.

No te culpo por haber abortado después de aquella noche; lo comprendo. Es lo que hace la mayoría de las mujeres inseminadas por alienígenas. Quizá tenías miedo de la criatura que podía nacer. Sin embargo, los niños que nacen son exactamente iguales a los humanos, aunque no son humanos. Viven entre vosotros hasta que decidimos volver a recogerlos, y entonces nos proporcionan datos muy valiosos sobre vuestro planeta. Entre tanto, por cierto, sacan unas notas excelentes.

Pero en fin, nada de eso importa ya. Nuestra historia se acabó nada más empezar. Sólo consiguió dejarte asustada, y a mí enamorado. Nunca te olvidaré; espero que tú seas capaz de olvidar a este pobre y tontorrón monstruo del espacio.

 


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