Porque cada amor es diferente...

escrita por Libélula dedicada a Alejandro

miércoles 12 febrero 2014    5.00 corazones

Excuse moi.  Hablar en otro idioma para que nadie pueda entender lo que digo cuando no es el momento apropiado para hablar. Querer que tú entiendas solo lo que digo. No desear compartir contigo todo lo que no digo. Ansiar sentir lo que no siento y no sentir lo que siento. Aunque si me detengo a pensarlo, puede que todo sea al contrario.

 

Intento extraer de mi cabeza algo que pueda servir, algún pensamiento en claro y lo único que encuentro es una petición suplicante: “déjame respirar”. Yo la escucho con pena. Lo repite una y otra vez. No está entrenada para tantas novedades. Ha de cambiar de nombre, de lugar, de sensaciones. Ha de distinguir las tonalidades nuevas. Nunca se me ha dado bien meditar mucho sobre el funcionamiento normal de mi cerebro. Creo que soy excesivamente poco original, aunque soy capaz de encontrar mil formas en las que si lo sería. Me cuesta fingir. Me cuesta controlar mis impulsos, pero me resulta imposible generarlos  forzadamente. Te miro y me gusta lo que veo. A quién le importa quiénes fuimos o qué seremos. Todo puede cambiar. El pasado porque siempre depende de los ojos que lo miren, el futuro porque nunca sabré lo que es. Ahora me gustas. Te advierto más que te prometo. Tú te enfadas. No te gusta lo que digo y puede que tampoco lo entiendas. Pasión y luego amistad. Así son las cosas. Así hasta ahora. Ahora no se cómo son.  Siguen faltándome tecnicismos para explicarme, cultismos, pero que le voy a hacer si mi mente funciona con verbos simples. Se rebuscan unos a otros, pero vistos de frente son solamente eso, simples verbos. Seguro que podría leerme un niño de cinco años casi sin interrumpirse.  Pero no me entendería. No podría, porque yo tampoco me entiendo. Hablar de ti. Me gusta, me gusta. Me gusta cuando hablas de tu entorno seguro, de las cosas que sabes. Me gusta que me mires cuando yo no te miro y lo natural que me resulta estar a tu lado. Me gusta caminar cerca sin tocarnos, y contemplarnos desde lejos. Me gusta que me mires expectante y que cuando te pregunto vuelvas a centrarte. Sin presión. Olvidas que la presión puede venir desde dentro, algo en lo que no puedes interceder. Pero no mires hacia otro lado, aun no… Excuse moi. Cuando encuentre el sentido de mis primeras palabras podré responderte a todo sin dudar, mientras, que cada día marque su propio ritmo. 


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