Piedras y diamantes

escrita por 1300 dedicada a Cardenia

miércoles 8 febrero 2017    0.62 corazones

Amada Cardenia:

Desde hace unos días, tengo un peso encima que no me puedo quitar: escribirte unas cuantas palabras celebrando nuestro amor. Es como una de esas pequeñas piedras que se nos meten en el zapato y que hasta que no la sacamos, nos molesta al caminar. Así que, ¿para qué seguir postergando lo que tantas ganas tengo ya de hacer: celebrar nuestro idilio con palabras, recordar una vez más lo maravilloso que nos contagiamos a besos cada día, reiterar mediante letras lo que nos regalamos todas las noche mediante sueños compartidos? ¿Y qué mejor forma de hacerlo que utilizando bien a bien una piedrecita como la que antes molestaba, pero ahora puede ser una idea grandiosa que pregone el divino milagro que es compartir vida contigo…

Sí, déjame celebrar nuestro amor formando una pequeña piedra. ¿Será tal vez un diamante? Quizás, no a fuerza. Porque los diamantes cuestan mucho y son robados: lo nuestro nadie lo separa, y aunque muchos lo ansían, nadie nos lo robará jamás, porque aún sin ser diamante costoso encierra mares de vida, como los guijarros comunes de los ríos, regados por montones donde quiera pero tan ansiados por los que desperdician vida como el diamante más costoso que pueda valuarse. Entonces simplemente será una pequeña piedra, común y simple, hermosa y breve empero única y maravillosa.

Vuelvo a decir: déjame celebrar nuestro amor formando una pequeña piedra. Y ahora celebro el recuerdo de tu grácil belleza con otra piedrita más. Dedicarte mil sonrisas cada una con una piedra también. Así llevamos miles de pequeñas piedras entre nuestras manos.

Y es que piedra a piedra formamos este camino infinito que venimos andando a través de los años, de los días, de los abrazos y los besos.

Piedra a piedra, caminaremos hasta el infinito de nuestros sueños compartidos para un día voltear a vernos viejos desde la juventud de toda una vida maravillosamente construida entre nuestras pequeñas compañías diarias.

Y al final, cuando todo haya pasado y no quede más camino de guijarros por recorrer, nuestras piedras serán los diamantes siempre codiciados por quienes no los vieron antes de serlo, cuando todavía eran piedras sin valor, pero encerraban dentro de ellos mares de vida plena. Tú lo sabes; yo lo sé. Para nosotros siempre han sido lo que son: las semillas de nuestra vida eterna que siempre florecieron a un costado del interminable camino de pequeños guijarros encantados, los mismos que ahora, al final de todo, brillan preciosos como los verdaderos diamantes que siempre fueron pero que no lo parecían a aquellos que solo quieren ver lo costoso y vano.

Atentamente,

Tu enamorado de siempre…


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