OJOS QUE BESAN

escrita por ANOCHECER dedicada a Todas las mujeres que han sido maltratadas-

lunes 1 febrero 2016    2.93 corazones

OJOS QUE BESAN

Querida Laura:

Han pasado quince años y aún eres para mí la princesa en zapatillas que canta flamenco en la cocina. Hoy he escuchado rumores de tu regreso y mi corazón se ha disparado como el de un joven nervioso ante su primer baile. En el banco de piedra de la plaza te espero con impaciencia, porque las paredes de casa me ahogan y me cuesta hasta respirar. Camino pausadamente por el sendero de adoquines disfrazados de musgo, y a cada paso me paro abrumado por el miedo,  mientras el viejo sauce llora sobre mis recuerdos. El frío helado se cuela en mi camisa a cuadros y peina mis alocadas canas. La soledad me acaricia lívida con sus dedos de escarcha y me estremece acelerando el temblor de mis dedos de viejo .En mis manos, un  libro de Becquer” y una libreta cuadriculada donde anoto mis pensamientos, esos que hoy  quiero contarte…

Confieso que te odié tanto como te amé, por elegir a la Bestia” que te maltrató entre sus manos de monstruo, por amar al “Satanás” que tiñó de morado tu piel de terciopelo. Te cegaron sus palabras de embaucador trilero, y su planta de galán de cine en blanco y negro. Tejió su tela de araña sobre tu cándida inocencia y te arrastró hacia el abismo. No tuviste valor para correr a la deriva, sin familia en que apoyar tu dolor. Sola, con tu voz callada y ahogada, suplicando en silencio hasta su muerte con un sentimiento de culpa contenida agazapado al alma. Cada vez más pálida y demacrada ( ya nunca te pintabas los labios ni usabas tacones) como un retrato viejo que amarillea con el paso del tiempo. ¡Pobre marioneta maltrecha movida por sus hilos, que ya  no bailaba boleros con el palo de la escoba en la cocina de baldosas blancas y negras!…

Toda la vida viviendo junto a ti, puerta con puerta, escuchando su fogosidad y sus golpes disfrazados de celos, viviendo la banda sonora de una película que no era mía, contemplando sábanas tendidas que envuelven otros cuerpos, dando gracias por los hijos que nunca tuviste, escuchando como tu canto poco a poco se iba apagando como el de un pájaro herido. Yo era el perfecto vecino que no se inmiscuye en vidas ajenas, al que se le invita a pestiños por Navidad y a torrijas en noches de Jueves Santo, al que se saluda atentamente cada mañana sin mirar a los ojos.

 Pero el destino no se elige; yo te quería y tú me querías, y en cada gesto nuestras almas lo sabían. El primer beso no se da con la boca, sino con los ojos, las ventanas del alma se me empañaban con tu aliento. Como dice el libro que tengo en mis manos: “El alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada”. Bailé un lujurioso bolero en tu cocina, entre  aromas de ajonjolí y canela. Me alimenté del dulce de tus labios, y me tragué la hiel de los míos. Sólo una vez fuiste mía, y una vez bastó. Mi miedo infinito se cubrió con tu melena y tus largas piernas me abrigaron como regalo de despedida, el día antes de tu partida. Grabé cada imagen de pecado en mi conciencia para que tu piel desnuda perviviera en mi alma, y me asomé al secreto abismo de tus ojos soñando que esa noche fuese eterna.

Creo que él siempre lo supo y cargó en su maleta su rabia y sus dudas. “El amor es como el fuego, ven antes el humo los que están fuera… que las llamas los que están dentro”. Sospecho que su ego le impidió aceptar lo que en el fondo sabía, lo que todo el pueblo murmuraba: que poseía tu cuerpo, pero no tu alma. Por eso te llevó lejos, dejándome atrapado en el invierno, en el enero en que te vi marchar. Te contemplé con las maletas en las manos  y me faltó valor; no corrí tras tu coche como en las películas románticas. Me quedé inmóvil, de pie junto a tu puerta, y el aire durmió esa tarde para preservar el perfume de tu esencia. Día tras día, año tras año regué las flores de las macetas de tu ventana: los geranios que huelen a tus mejillas y las rosas con espinas que se riegan con mis lágrimas. A través de  los cristales, husmeo y veo el reloj atrapado en el tiempo junto a tu retrato de boda disfrazado de polvo y suspiros. ¡Cómo duele esta melancolía!

Tus plegarias dieron fruto, y Dios se lo llevó. Las noticias morbosas llegan rápido hasta este pueblo perdido y yo, aun siendo cristiano, no puedo evitar alegrarme ni frenar a mi pluma enloquecida sobre mi cuaderno cuadriculado, pues el amor convierte a los amantes en poetas. Mis piernas cansadas de viejo corren torpemente cuesta abajo camino de la oficina de correos con cartas que te ruegan que vuelvas a mi lado y perdones a quien no supo raptar a su princesa de bata rosa y zapatillas de lana, al que agachó la cabeza mientras vuestro coche rojo se marchaba lejos. Cada insulto que oí tras la pared, cada golpe que sentí, cada desprecio que presentí, aún retumban en mi cabeza. Que Dios me perdone, soy un maldito COBARDE, que al no denunciarle, no logra expiar su infinita lista de pecados escrita con tinta de silencio.

Sé que no soy un buen partido, más  bien feo y destartalado. No te pido más que ser tu vecino de nuevo, para volver a oírte cantar a través de mi ventana mientras haces pestiños endulzados de esperanza. Quiero que  tus pálidas mejillas  vuelvan a florecer como las rosas de tu ventana que nunca dejé de regar con mi tristeza. Te dejaré cada día una nota cuadriculada bajo tu puerta para recordarte que ya nunca estarás sola. En la vida, el amor es un río que arrastra lodo y piedras, pero su curso yo no lo puedo ya parar. Como dijo Lord Byron: “El amor halla sus caminos, aunque sea a través de senderos por donde ni los lobos se atreverían a seguir a su presa”. Y seguiré soñando con que tus ojos me besan como la vez primera, mientras busco una salida en este cruel laberinto de la vida. No hace falta que hablemos, baila conmigo un bolero en la cocina y deja que las viejas alimañas murmuren y  digieran su carroña. Suenan violines en mi cabeza, y vuelvo a escucharte cantar flamenco mientras barres el polvo añejo de las baldosas blancas y negras.

Mi princesa Laura… “Te dejaré de amar  el día que un pintor sea capaz de plasmar sobre su tela el sonido de una lágrima”.

                                                                         

 

 

 


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