No oirás un "Te amo"

escrita por VCV dedicada a un recuerdo

sábado 14 febrero 2015    0.00 corazones

Si se me permite exigir algo más al cielo, al azar que tanto me ha dado, sería que si algún hombre de las generaciones futuras encontrase estas palabras que hoy yo escribo, no me juzgue, a menos, claro, que alguna vez haya sentido una pasión tan febril recorrer cada ápice de su cuerpo, erizando cada vello como aquella que yo sentí y siento aún, por ti. Y aún bajo este riesgo lo escribo, a sabiendas además de que me espera una eternidad de condena por plasmar con palabras mundanas aquellas historias soñadas por los dioses, aun así, acepto estos riesgos, y todos los que quedan por la mera posibilidad de que tu leas, algún día, esto que sangra hoy mi pluma.
Y estos párrafos no son, no confundas, una declaración. No oirás un “Te amo”, ni “Te necesito”. No me comprometo a que no se escape algún “Siempre te desearé”, aunque mi intención dista mucho de ello. Son, sin embargo una recopilación completamente subjetiva y egoísta de todo lo que para mí has sido.
Antes de ti yo era otro hombre: Frío, materialista, escéptico. Las mujeres, para mí no eran otra cosa que un mero divertimento, un juguete con el que sabía jugar pero con el que no me aburría. Cuantas lágrimas causé, cuantos corazones rotos y cuanto placer vacío y artificial. Y fue entonces, cuando mi vida era un camino sin sentido y sin un fin distinto de dar el próximo paso, que apareciste tú, y todo cambió. Tus primeras palabras, tatuadas sin tinta en mi alma. Tus primeras caricias, mi manto en los días más fríos. Tus primeros besos, razón de mi sueño y mi desvelo. Y todo cambió, todo fue tan rápido y todo fue tan profundo...
Ahora mis pupilas veían otro universo. Capté cada movimiento del cosmos y lo entendí como una perfecta secuencia que armónicamente me llevaría hasta ti. Ya no estaba solo, por alguna razón una conciencia superior había unido dos piezas tan dispares y tan complementarias…
Pero hasta el Edén vió anochecer alguna vez. Y no fuimos distintos. Tú, al llegar a mi vida, creaste con tus dulces sonrisas una máscara de ángel que se alojó sobre mi rostro, pero no se podía negar que bajo la misma se seguía alojando un demonio.
Al principio fue intermitente, luego se volvió constante. Las salidas, la bebida, las risas volvieron a ser frecuentes compañeras de mis lunas. Yo no veía problema y no entendía que tú sí, hasta que un día te marchaste. Recuerdo reírme incluso al ver tu nota diciendo adiós. Yo no sabía que entre los labios de todas esas desconocidas estaba buscando los tuyos.
Hoy, han pasado 5 años desde aquel 9 de marzo en el que estuvimos por primera vez aquí, bajo nuestro árbol, testigo silente de nuestras promesas de amor eterno, y aquí dejo ésta carta, esperando a que el destino que tantas veces nos ha ayudado te haga, en un arrebato de nostalgia, volver aquí y encontrar esta carta.
Se que me comprometí a no decirlo, pero te amo. Y siempre seré tuyo.


En esta web utilizamos cookies, tanto propias como de empresas colaboradoras, para obtener datos estadísticos de la navegación de los usuarios, lo que nos permite mejorar la información y la publicidad que te mostramos y adaptarla a tus hábitos de navegación. Si continúas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Más información