Murmullos de bruma

escrita por Werther dedicada a un amor imposible

viernes 11 febrero 2011    4.00 corazones

Los momentos de profundo sueño y soledad infinitamente dulce me han dado la respuesta a la pregunta sobre dónde te hallas, arisco amor. Son las noches de perfume parisino las que a tu suerte esconden el camino, polvo de estrellas, ciego lampión, follaje humedecido por la lluvia llorosa, luna deplorable.

Bajo el empedrado erré, descalza y sin abrigo, el viento desgarrante con su filo. Yo salté, corrí y retrocedí, sin abrigo amigo, y vi como los días saltaban, corrían, pero nunca retrocedían, ni un eco. Y las lunas y los soles se sucedieron como las olas en el viento, y continué errando, viviendo en prado y lodo, y esa belleza natural me enfriaba, pero no consiguió nunca detenerme.

El dulce aroma del bienestar que ahora se trama no surgía antes, pero todavía el latido doloroso se derretía violento, pesado, sin detrimento, puntiagudo y lacerante, onomatopeya de un robo hiriente, cortante, pero sin miedo. ¡Ah, suspiro! ¡Tentativa del alma de sumergirse en el olvido! No es tu efluvio, sino un intento descolorido de encontrar un corazón en el vacío. Y yo salté, corrí y retrocedí, pero al final encontré la respuesta escondida, un brillo reconfortante, un escalofrío amante. Nada pero la poesía reverbera este encuentro, evento de titanes y trino del nido. En la mañana verde se despierta el frescor, el rocío, y el aire ya no contiene oxígeno, sólo un adiós intrínseco; la brisa recoge la fuerza para acariciar mi tez, allí donde mi sangre no alcanza, dulce veneno que me emponzoña con la esperanza.

Se levanta el cadáver de su tumba lúgubre, de su pecho deja salir la energía, el poder, y brilla incluso sin sol, coge color, se eleva. La situación crea una melodía, primeramente acúfeno, después murmullo de armonía, finalmente, sublime sinfonía. Y el cadáver resucitado abandona el sepulcro, pero, ¿qué es lo que veo? No parece ya un muerto, Dios ha perdonado sus pecados y se yergue ahora más fuerte que nunca. “¿No me reconoces? ¿O es que realmente jamás me habías conocido?”. Oh, amor, jamás tan radiante e intenso ante mí te habías aparecido.


En esta web utilizamos cookies, tanto propias como de empresas colaboradoras, para obtener datos estadísticos de la navegación de los usuarios, lo que nos permite mejorar la información y la publicidad que te mostramos y adaptarla a tus hábitos de navegación. Si continúas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Más información