¡MOLDEÁNDOTE!

escrita por PISCIS dedicada a MI PAREJA

martes 2 febrero 2010    3.82 corazones

     Mi aliento entrecortado en la oscuridad de la noche baña nuestra habitación. Intenta encontrar la paz de tus labios en flor. Mis manos tiemblan buscándote en tu lado pero, por tu maldito trabajo, no estás aquí, conmigo. Y, en este instante de la noche en que sólo se oye la voz del silencio, me gustaría ser Dios en el Paraíso, para tomar un trozo de arcilla y crearte de nuevo.

     Jugaría con él entre mis dedos e intentaría recrear la imagen que tengo de ti. Te daría forma recorriendo tu cuerpo por entero con mis húmedas manos. Y, resbalando por la arcilla de tus curvas, perfilaría tus bellos rasgos faciales; como tu boca, que es una ventana que se abre de par en par para susurrar: "¡TE QUIERO, ¡TE AMO!...". También moldearía tu torso, tus brazos, tus piernas...

     Suavemente rozaría tus partes más íntimas, dando forma a todo eso tantas veces esbozado; sobre todo, estos últimos días en mi mente, y que ahora lo tendría al alcance de mis manos, de mis ojos, de mi boca...

     ...Y una vez formada, a tu cabello le daría el brillo plateado de la luna en un mar en calma; a tus ojos, el negro de la oscuridad de la noche; tus labios, los pintaría del carmín claro del vino rosado, para después beber de ellos.

     Con mis ojos dibujaría cada línea de tu cuerpo, recorriendo cada accidente orográfico de tu terreno salvaje.

     Con mis manos te llenaría de caricias eternas; subiría, haría cumbre en tus mones y, luego, descendería tus dos puertos de montaña; sentirías mis dedos recorrer cada uno de tus senderos; cruzaría tu frondoso bosque; y sembraría tus surcos de mis besos...

     Con mi boca bebería a placer de tu fuente de vida infinita. Y, con mi nariz, aspiraría el aroma agreste con sabor a tomillo, a espliego y a romero que emana de ti. Respiraría y llenaría mis pulmones de cada molécula tuya desprendida de tu aliento.

     Con mis oídos escucharía tu respiración jadeante, portavoz de tu excitación y de tu deseo. Y, entonces, después de mil gemidos, fundiríamos nuestros cuerpos; tus uñas se clavarían con fuerza en mi piel, consiguiendo que yo también viajara lejos, muy lejos...

 

 

 

                                                                                  

                                 

 

 


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