Milenario Amor

escrita por Sherezada dedicada a Mi esposo, mi amigo, mi amante, el padre de mi hijo, mi papito.

sábado 13 febrero 2016    0.00 corazones

Mi amor de tantos años, hoy la atmósfera está inquieta. Llueve, hace frío y tú no estás. Todo atenta contra mi sosiego. Se acerca el Día del Amor y otra vez la distancia nos juega una mala pasada. Todos los recuerdos se amontonan en mi mente. No sé decirte ahora, cómo, dónde, cuándo, ni en qué faceta de nuestras vidas nos hemos amado más.  Cuando repaso nuestra historia me convenzo de que nos hemos amado intensamente en todos los momentos, cada vez con más fuerza. Hemos pasado juntos momentos difíciles de carencias, lejanías, soledades, imprevistos,  enfermedades. Hemos perdido en el camino seres queridos y han llegado otros a nuestras vidas para hacer más completa nuestra felicidad. Se nos ha truncado muchas veces la posibilidad de estar juntos. Hemos expuesto el amor involuntariamente a la contaminación, a las traiciones, a la mentira y el amor sigue ahí, cada día más gigante, más intenso, más fortalecido. Lo hemos superado todo. Después de cada adiós me dejas siempre esa caricia y esa devoción que no se escapa de mí y te llevas los últimos días vividos con tanta pasión y ternura, con tal fuerza que no te los puedes arrancar. Siempre he confiado en tu amor por mí y no me refiero a esa confianza de la carne por la carne porque es imposible arrancarles a los hombres esa infidelidad prehistórica cuando hay gatas ronroneando por todos los tejados. Yo me refiero a la fidelidad del corazón, esa que te ha hecho cuidarme, adorarme y sentirme la mujer más bella y deseada de este mundo, incluso hoy a mis de cinco décadas. Y ese es el verdadero amor, ese que se aferra, ese que no se rinde, ese amor guerrero, ese que si algún día el instinto se entretiene a retozar en otros cuerpos, acoraza el corazón. A veces la distancia impone riesgos que hay que correr, la soledad acorrala y confunde y se hace fácil buscar algo parecido al amor para salvar el amor mismo. Ya arribamos a nuestras  Bodas de Plata y nuestro milenario amor está más seguro y enamorado que nunca. Jamás me arrepentiré de todo lo que te he amado, de todo lo que te amo. Cada vez que llegas a mi corazón y a mi alma con esas palabras que acarician,  como ese mensaje que me dejaste grabado antes de tu partida, con los email que me llegan cada día, o como ese: -Te amo preciosa mía- que dejaste escrito en el espejo con mi lápiz labial, justo antes de partir, es que no se te puede aguantar con esos detalles y entonces parece que no te has ido, siempre te quedas. Después de cada despedida tú sigues en mi piel, en mis sentidos, en mis recuerdos y te así te fuiste convirtiendo en raíz, en árbol, en fruto, y en todos mis instantes, en todas mis estaciones. Tú eres mi placer más genuino, mi dolor más profundo, mi amor eterno. Hay sentimientos inexplicables que llegan y se alborotan por el azar o las circunstancias, incluso hasta sienten el compromiso, y muchos de ellos, llegan incluso al matrimonio y a los hijos, incluso a tenerlos sin historia y sin permiso, sin embargo mueren a los meses, a los años, se fracturan al primer impacto… Nuestro amor es diferente, siempre ha estado ahí, fuerte como las rocas, calientico cada mañana, latiendo a pesar de la distancia, de los sin sentido, de la soledad y del tiempo,  por eso será siempre un bello amor, un eterno renacer. Siempre, consientes o no, nos hemos estado soñando, cuidando y protegiendo. Así como tú te quedabas en mi después de cada despedida, atrapado en mi mente, como el ser más adorable y tierno de este mundo yo me quedaba en ti con mi delicadeza, con mi suavidad, con mis poemas y con mis ñoñerías de niña grande. Seguiremos extrañándonos hasta nuestro reencuentro y desahogándonos en esta armonía de palabras que llegan unas veces en el momento que se necesitan y otras no; pero llegan. Nuestra realidad es ahora alentadora. Brindemos por eso desde donde estemos este próximo 14 de febrero. Un amor para ser grande tiene que pasar por muchos obstáculos, combinar lo bueno y lo malo, lo alegre y lo triste, saber confiar y esperar y aquí está el mío grandioso y fiel para ti, como siempre. Nosotros hemos sido muy fuertes, nos han impuesto pruebas difíciles, y aún así,  infatigablemente aquí estamos, han pasado días, semanas, años y nos amamos como nadie. Yo se que tu quisieras este Domingo estar a mi lado pero el deber te llama y tu trabajo exige mucho de ti. Lo importante es la certeza que tengo de que estés donde estés, estarás  para mí y conmigo. Gracias por tu amor de tantos años, por ser como eres, por darme esa seguridad, por amarme tanto. Aquí te esperaré siempre, en este nuestro rincón de amor y de recuerdos, con esa ternura que te desquicia y la certeza de que tu corazón es solo mío. Te amo.

 

 

 

 

 

 


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