Mientras pensaba en tì.

escrita por Pentaflash dedicada a Julieta Castro

domingo 5 febrero 2017    0.50 corazones

 

 

De ahí a ese lugar donde me fui, debo confesarlo, todo lo que pude me lo traje.

Me regalé la luna. El inmenso, amplio y estrellado cielo. Podría escribir los versos más intensos este día.  Pero no me atreví. Tampoco tuve necesidad. Sin embargo, en un descuido me traje la noche entera, tu belleza, tu respiración, tu aroma, tu recuerdo. Hasta el sol en pequeñas dosis me lo traje, la brisa purificada del lugar. En mi mente disfruto contemplarte. Como loco enamorado, de mi torrente no sales. No quiero que eso suceda tampoco.   

Si te preguntaras de vez en cuando, qué es lo que siento al tenerte, que hay en mi mente al momento de sentirte y verte. Un torrente, un torbellino, un instante.

Qué es lo que me lleva día a día a quererte, me lo he preguntado muchas veces. Dulce resaca. Fortuna inmensamente grande.

Quizás ni mirando dentro de mi pecho podrías comprenderlo. Tampoco yo lo entiendo. Pero es palpitante.  

El porqué de este amor insaciable. Es sencillo. Es un lugar dentro de mí que llenar ansío. Mientras tanto soy un cuerpo vacío. Una sombra perdida en el tiempo.

Y sólo tu logras ese lugar llenar y ohh yo simple mortal, cómo vibro al desearte.

Sentado en el brocal al mediodía, a una flor anaranjada a mi izquierda por ti le pregunté. No me respondió. No es inexplicable.

A las nubes en lento y constante movimiento también les pregunté. Todas mudas me miraban intrigadas. Buscaba una señal. Nada. Tampoco me respondieron.  No tanto como para alarmarme.

Lento, muy lento el día. Pero me traje todo lo que pude. Un ensueño.  

Un pájaro cantó, digo que cantó.  No sabemos si es que celebra la vida. O por el contrario su pesar trina.  Mientras yo y mi incorregible y necia idea de creer que tengo lo que ni siquiera es mío, ansío volver a estar junto a ti.   

En el paraíso de tus ojos me pierdo. Nada nuevo, estoy ya perdido. La paz encuentro en  tus divinos labios. Ohh Paraiso, infierno, cielo. Ardo y reposo.

Me encuentro porque estoy contigo, en el universo de tu alma, En ti vivo mil sentidos. Mil momentos, mil entregas, mil desearte.

Amándote. Vivo añorando cada encuentro, cada entrega, cada paso.

El gato amarillo del lugar, con cautela se acercó para que lo acariciara, lo hice y se marchó con mi caricia. Sin pesares. Lento. En silencio.

Recogí del piso la flor morada ya marchita que se había desprendido de su tallo. Y la incrusté de nuevo en su vástago desnudo. Aunque sé que eso ya no cuenta. Inútil intento de prolongarle la belleza a sus pétalos mustios.

Dicen por ahí que viniendo de ti, un recuerdo no es tan malo. Pues no hay más remedio. Dicen por ahí que, una mujer como tú: bella, joven, y yo, a mi tercera edad. ¿Es difícil entenderlo? Pero es que no has podido salir de mi cabeza. Tampoco quiero que eso ocurra.

Cuando pensé que eso ya era asunto del pasado. Descubro que no.  Es del presente.  Aun eres mi unicornio azul.

Con todas mis pertenencias en la mano me propuse mudarme a tu corazón. Y siento que el tiempo se detuvo un instante, de pronto. Abre los ojos,  viejo. Fue lo que pasó por mi cabeza.  Fatua pretensión como aquella de dar un escopetazo a las estrellas. A mi tercera edad, lo reconozco, la vida continúa con sus extrañas zancadillas y circunstancias. Me han tildado de demente. Es muy posible. Porque mis ojos fijos, siguen fijos esperando descubrir los secretos y misterios de ese tuyo curtido corazón. Para sanarlo y consentirlo mientras viva.

Evitando siempre mostrar mis derrotas, insisto tercamente llegar a la fibra de ese corazón y hurgar en su reserva moral. Ahí me he quedado agazapado, en silencio, con la esperanza de quedarme. Quizás otra ilusa pretensión. Que desespero.

Dicen por ahí que siga buscando el paraíso prometido para conocer en carne propia las delicias más deseadas. Me digo a mí mismo: Ya las encontré.  Mientras respire las quiero.

Dicen por ahí que la dicha me llegó de sorpresa, sin buscarla. Y cuando menos la esperaba. Y últimamente sin permiso se ha sentado a mi mesa. 

Ohh bendita bendición la mía. Tenerte entre mis brazos, oxígeno puro que recorre mi cuerpo hasta el cansancio.

Como demente enloquecido no he podido varias la ruta. Ni tampoco quiero. Y mis mañanas y noches frías con tu simple recuerdo se han convertido en una hermosa poesía. Y ¿Quién soy yo para contradecir el mandato del destino de la vida mía?

 

                                                                                        Atentamente quien siempre te ama

 

                                                                                                     Antonio

 


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