Mariposa Cleopatra

escrita por Rui dedicada a Ana

lunes 13 febrero 2012    5.00 corazones

Querida amada, mi mariposa cleopatra:

   Esto que estás leyendo, ya no soy yo. Yo he huido muy lejos de aquí para cuando quieras despertar de esta pesadilla que hemos creado juntos y que nunca imaginamos. Este es mi último suspiro, un rayo de luz dirigido hacia ti, ambicioso, imparable y cargado de esperanza. Formado por ese sentimiento que, guiado por tu inconfundible mirada, terminó por colapsarme por dentro, sin piedad, corrompiendo mi cándido corazón.

    Tal vez sea inútil, tal vez logre abrirte los ojos. Pero de lo que único que puedo estar seguro es de que que me le juego todo a una sola mano; que lamentablemente permanece sobre la tuya. Eso nunca cambiará, cielo. Como siempre, solo depende de ti. Esta necesidad que me invade te ha concedido mi completa sumisión. Me ha traicionado en cuerpo y alma. Inocentes, mi amor, mis ganas de vivir, que residen anclados en tu trampa, en tu mágica y dulce tela de araña. La misma que me atrapó y no me liberó, que primero nubló mi realidad, después me hizo perder la razón y finalmente me durmió en tus brazos. Y yo no pude verlo; mi cuerpo solo respondía a las instrucciones de nuestro retorcido juego.

    Retenido día y noche, tu existencia ocupaba mi más distraído pensamiento, cruzando sin límites tiempo y distancia. No percibía más que aquello que forjaba nuestro intenso deseo por vivir en una fantasía perfecta, que envolvía a la realidad en una mota de polvo imposible de visualizar; y en la que todavía sigues soñando. Ninguno de los dos sabría decir con certeza cuanto tiempo real transcurrió en estos últimos dos meses. ¿Quizás segundos? Lo único que merece la pena recordar fueron esos maravillosos besos que todavía puedo saborear. Estrellas fugaces cruzando un cielo habitado por dos almas abstraídas en el deseo.

    Y aunque prefiera solo recordar lo perfecta que era nuestra película, como cualquier otra, irremediablemente, esconde críticas, secretos. Me ocultabas algo. Y mi corazón podía sentirlo, lo olía a kilómetros de distancia; flores marchitas que se expandían por la llanura de nuestro amor en calma, con el final de nuestro cuento de hadas tallado en sus raíces. Pero tenía los ojos tan abiertos para observar tus movimientos como ciegos de locura.

    Empezaste a ausentarte, a despreciar mis miradas y dudar sobre tus paabras; y entonces trajiste el frío invierno a nuestro mundo. El poco calor de verano que permanecía en tu cuerpo y que logré capturar me abrigó durante un tiempo, pero terminó por evaporarse; no pude hacer nada para cambiar tus actos. Supe que debía desparecer con él.

    Estaba solo ante la intemperie. Pero entonces, la fría soledad me abrió la mente, y más allá de tu crueldad, de tus confusos sentimientos, lo vi; entendí que tu duda, el haberte cuestionado la existencia de nuestra feliz fantasía, era mi salvación.

    Fue cuestión de tiempo que una pequeña grieta de luz surgiera entre los confines de nuestro mundo. Al contrario qué tú, cielo, yo no dudé; sabía que era mi única oportunidad de despertar, de aferrarme de nuevo a la realidad o al menos de cambiar la situación.

    Tu indecisión fue mi salvación. Pero mi salvación fue mi perdición. Al abrir los ojos, al sentir la realidad a mi alrededor, me alegré de ser libre de nuevo, de poder evitar perder el tiempo lamentando la caducidad de nuestra aventura; el frío no la mantendría mucho más con vida. Asumí que tú no me deseabas como yo siempre había creído, engañado entre líneas con demasiadas palabras bonitas. Pero me di cuenta de lo que me temía. De que las echaba de menos. No sé si era yo, o mi corazón que seguía cultivado en tu jardín. Y tu secreto estaba matándome, crecía bajo tierra y me alcanzaba. Era él, otro estúpido inocente arrastrado por tus encantos. Pero no hay abono suficiente para los dos; solo uno seguirá contigo para ver el sol.

    Te escribo todo esto para que despiertes de una vez, para que sepas qué siente la gente que te quiere, maldita sea, porque el mundo real está aquí fuera, esperando a que decidas qué frutos quieres que florezcan. Yo te aseguro que no te faltará de nada a mi lado, porque ya no puedo evitar quererte como a mi propia vida. Y estas palabras surgen de la necesidad, de la frágil e insegura señal que llega desde tu corazón. Sigues teniéndome a tu lado, o al menos la parte de mí que no sabe otra cosa que desearte con locura.

    La otra parte es la que intenta olvidarte, pero no pasar página, sino varios capítulos que ahora explotan como petardos en mi cabeza. Pero tú puedes arreglar eso. Solo tienes que quererme como siempre lo has hecho y no dejar que con mis lágrimas se apague la llama, la que me ilumina el camino correcto en este retorcido laberinto.

    Reconstruyamos nuestra fantasía, rodemos una segunda parte mejor que la primera para esta película interminable y aprendamos de nuestros errores. Elige reír y llorar conmigo, amarme y odiarme, pero nunca dudes; elígeme solo a mí para quererme como tanto necesito. Ven a buscarme de una vez, porque aunque me sangre el corazón cada vez que tenga que evitar tu mirada, aunque me dé un infarto y mi corazón siga latiendo para seguir respirando el mismo aire que tú, no te esperaré más. No hagas que me arrepienta de haber soñado contigo esta noche.

    Y por favor, no intentes buscarle el sentido, una razón humana, a nuestro deseo. ¿Quién puede negar nuestra cordura? Lo único cierto es que vivir lejos de tu lado es una tortura. Y si alguna vez tu corazón lo ha dudado, déjame mostrarte de nuevo el rumbo de nuestro barco en este mar de inseguridades. Todo acaba y comienza en un nuevo horizonte.

    Porque te conocí en dos días y no necesité más tiempo para darme cuenta de que me tenías a tus pies.

   

    Y no quiero que comience un nuevo día sin ver salir el sol a tu lado.


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