Lo siento, te amo.

escrita por Nombrefalso123 dedicada a Lúa

viernes 10 febrero 2017    2.36 corazones

Cuando leas esto estaré muerto. Me gustaría imaginarte afectada, pero no te preocupes, estoy en un lugar mejor, colgando del cielo, donde espero encontrarte en algún momento. Tranquila, no hay prisa, puedo esperar. Tengo toda la eternidad para hacerlo, y si alguna vez lo hice en vida. ¿Por qué no hacerlo ahora, bajo el cálido abrazo de la muerte?

Te he esperado siempre y para siempre te esperare, y sin embargo, cuando me encuentres seguiré esperándote, porque sé que nunca sentiré lo suficiente como para que te entregues a mí. Por mí no tengas miedo, pues ahora voy a estar bien, ya no me duele esperarte. En el lugar donde estoy sólo existe una eternidad, ciega, pura, infranqueable.

Antes de morir me di cuenta de que la muerte no es más que otra vida, porque la vida no existe en el tiempo, y todo es eterno, salvo la vida misma. Esa es la diferencia, ya que lo notable que tiene la muerte es precisamente que es eterna, y eso te da la madurez suficiente para no sólo entenderlo, sino que para aceptarlo como la única verdad de la que podemos estar ciertos y seguros. Pero ya es suficiente, esta es una carta de amor, y no quiero aburrirte con las tonterías de un cadáver, a ti, que aun estás viva.

Oh, ¡mi amada! ¿Con qué frecuencia he pensado en poner fin a mi vida por ti, por tu mirada distante, por sus manos frías y tus pechos de piedra! Porque las huellas que deja la indiferencia, ni el fuego ni el peso de toneladas de tierra, o interminables noches de lluvia, nunca pueden hacerlas desaparecer. Y por eso la muerte es el último consuelo que me queda, pues al final de esta eternidad no tan eterna te reunirás conmigo, y juntos podremos al fin unirnos en frialdad.

Para cuando estés leyendo esto yo habré abrazado mi pozo oscuro de desesperación, de profundidad infinita, y me habré envuelto hasta la asfixia en sus negras aguas. Y tú habrás permanecido en tu habitación, segura en tu calma que siempre precedió a mi tempestad, mientras yo me ahogaba en toda esa lluvia.  Ni un leve soplo de aire despertaría tu cabello, ni una chispa habrá osado acercarse a fundir tu hielo. Y yo asfixiándome en tu cordura, y debilitándome en tu fortaleza, y corrompiéndome, y extinguiéndome en tu impasibilidad; planeando yacer en una fosa cualquiera, y tú sin salir de tu habitación perfumada.

Quiero imaginar lágrimas por mí, pero ya no importa. Siempre imaginé que lo último que te enseñaría serían mis palabras, pero deja de leer, pues ha terminado esta carta, y comenzado nuestra eternidad.


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