La utopía del olvido.

escrita por Luz dedicada a Los amores imposibles.

martes 2 febrero 2010    4.42 corazones

Diez años después te escribo de nuevo una carta, una más … quizás la última esta vez, quizás la primera de otras … ¡Quién sabe!

Una década es mucho tiempo, demasiado … sobre todo al darme cuenta de que aunque somos un poco más viejos y tenemos  otras vidas, en el fondo hay sentimientos que permanecen perennes, inmutables aunque hayan pasado miles de días y miles de noches …

No somos los mismos ni por fuera ni por dentro, sin embargo siento lo mismo cuando te veo, mi corazón aumenta sus latidos exponencialmente e intento no temblar, no delatarme, fingir indiferencia, sonrisas forzadas, para que no notes que todavía te quiero.

Que doloroso es el tan sólo escribirlo, el evidenciar que te quiero como a los quince, como a los veinte, como a los treinta … Te quiero sin expectativas, sin reproches, ya sin sueños … Te quiero deseando olvidarte cada día, para poder tener una vida plena, para liberarme de esta cárcel que es el desamor, para comenzar con ilusiones renovadas otras historias, para abandonar la utopía y disfrutar de lo real … Pero no puede ser, lo he intentado besando otros labios, otros ojos, dibujando nuevas sonrisas pero en el fondo siempre estás tú, inundándolo todo con tu recuerdo, con tu voz, con tu mirada, siempre tú …

¿Cómo puedo todavía quererte si ya no somos ni tan siquiera amigos?  Si jamás me has mirado con interés, con pasión, ni con una mínima dulzura … Y sin embargo, sigo soplando las velas cada año pidiendo ese imposible, que entres en mi vida … porque tengo la sensación continua de caminar por un laberinto, donde tú me estás esperando a la salida, y me equivoco una y otra vez, cojo direcciones erróneas y regreso al punto de partida … a mil años luz de ti …

¿Cuánto tiempo más va a durar esto?, me he preguntado tantas veces … He presenciado desde la distancia tus amores, tu indiferencia … He mostrado mi orgullo durante una década y he guardado un discreto silencio, sin tan siquiera acercarme a hablarte, ¿para qué? Escucharte es un sufrimiento, tenerte a un metro de mí es una agonía, el no poder sincerarme, el no poder tocarte, abrazarte, besarte … gritarte que soy yo, que sigo siendo yo la que te quiso como nadie, como nunca, por siempre … Es ridículo, irracional, casi vergonzoso a veces … pero es la realidad de mi día a día …

Mi querida “utopía”, mi “sueño inalcanzable” donde quiera que estés que sepas que en mi mundo … tu espacio sigue vacío, esperándote, da igual cómo llegues … da igual cuándo eso ocurra, dentro de veinte, treinta o cuarenta años , cuando tú vengas … encontrarás mi amor intacto, mi corazón expectante, mi mano tendida para recibirte y entonces podré por fin entender el verdadero significado del “ amor correspondido”. Te quiero, por siempre.

 


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