Esculpiendo palabras que no perdurarán

escrita por Ainhoa Escarti dedicada a un antiguo amor

viernes 3 febrero 2017    1.75 corazones

 

 

 

Cuando empezaron a juntarse las palabras no sabía si se juntaban para bien o para mal. Desconocía si acabarían significando algo para alguien más o si simplemente se desvanecerían con todas las palabras que nadie lee.

 

Todo empezó en la infancia, con aquellas estúpidas cancioncillas de cierto soniquete a coplas añejas que narraban pequeños cuentos de sucesos y personas desconocidas. Con el torrente de adolescencia la letra mutó en algo duro, a veces sanguinolento y otras edulcorado. Imágenes mentales salidas de otras realidades alejadas de su biografía. Mas como con todo en la vida, no es hasta en los comienzos de la juventud cuando empieza todo a tener forma. Con su quejumbrosa lozanía, las palabras empezaron a florecer más allá de la necesidad de ser paridas. Conformaban mundos mejores y peores que el que vivía. Nunca supo si era arte, necesidad o simple mierda repetitiva, basura vacua sin sentido más allá de la catarsis de ese momento. Bolígrafo en mano luchaba contra el mundo.

 

Un día tuvo la osadía de empezar a mostrar sus vísceras al universo en forma de letras. Sucedió que sus vísceras gustaron. Cierto punto de inocencia, de atrevimiento le hizo probar más y más. Los síes se repetían. Tantos síes y tan pocos noes empezaron a hacerla segura de sí misma, de sus partos literarios. Aquel derroche estaba sirviendo para algo.

 

A veces dejaba de tener la sensación de estar escribiendo. Se sentía poseída por algún tipo de espíritu extraño que entraba desde sus pies y se acababa desangrando en los dedos de sus manos. Pocos meses más tarde, cuando muchas cosas ya no importaban y la valentía era una ser parsimonioso envió sus textos para empresas altas. En su cabeza rondaba el fin de todo escritor, el niño de papel y cartón, de celulosa. Alabanzas y síes hicieron que ella esperara  con toda la paciencia de la primera vez. Su pecho henchido con la inocencia de la confianza fingida, obviamente fingida por otros. Días lógicos, semanas de bullir de tripas, meses de nervios y decepción la llevaron a empezar a ser inquisitorial en busca de una respuesta.

 

El silencio fue lo único que recibió. Semanas más tarde cuando la decepción era ya con ella misma parieron un libro. No era su retoño, era el de alguien infinitamente pueril pero que cierto buscador de internet identificó como íntima de las personas que daban los síes y las alabanzas.

 

Con el torrente de la indignación recorriéndole todas las venas, empezó una pequeña batalla en pos de una respuesta. No quería ver crecer a su retoño, ahora solamente quería poner fin a las interrogaciones. En su cabeza la lógica intentaba diseccionar en premisas validas lo sucedido, en busca de una respuesta que encajara. Cuando la lógica no fue suficiente al fin tuvo respuestas. Una extensa carta llena de crítica vacua e improperios llegó a sus manos cabreándola más que otra cosa. Tras la carta sintió su tiempo palidecer.

 

Continuó escribiendo por simple impulso, porque aquella cabecita extraña y deshojada necesitaba seguir esculpiendo palabras pese a todo.

 


En esta web utilizamos cookies, tanto propias como de empresas colaboradoras, para obtener datos estadísticos de la navegación de los usuarios, lo que nos permite mejorar la información y la publicidad que te mostramos y adaptarla a tus hábitos de navegación. Si continúas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Más información