ENTRE NUMEROS ROJOS

escrita por PENÉLOPE dedicada a EN TIEMPO DE CRISIS AL BANCARIO QUE ME ATIENDE

sábado 26 enero 2013    2.50 corazones

 

                            ENTRE NÚMEROS ROJOS

 

 

 

Querido Borja:

Llevo varios días dándole vueltas a la cabeza sobre qué hacer para declararte mi amor. Hoy, por fin, me lleno de coraje para escribir mis sentimientos en esta carta que te dejaré en la carpeta de las firmas del Contrato Renting y del Préstamo ICO que has solicitado para mí, pues, en tu opinión es lo único que puede ayudarme a sacar adelante a mi pequeña empresa en estos momentos de crisis.

Tú eres la persona que mejor conoce toda mi trayectoria empresarial, ya que, para la apertura de la peluquería, acudí para solicitar una hipoteca al banco en el que trabajas, una entidad que acertadamente lleva el nombre de Pastor. Y digo lo de “acertadamente” porque sé que si no fuese por ti sería una oveja descarriada en el mundo de las finanzas. Sabes bien que emprendí el negocio pensando que iba a comerme el mundo. Sin embargo, enseguida me di cuenta de que eran los tiempos los que se me estaban comiendo viva. Entonces, y de esto casi hace un año, te veía como uno más entre los bancarios: bien vestido, con corbata a juego con la camisa, los zapatos embetunados y brillantes, bien peinado y con ese toque ligero de colonia varonil. Para mí no eras otra cosa más que un maniquí en donde posar mis ojos, un Richard Gere joven fuera de la pantalla y de carne y hueso.

Desde que me hice clienta del banco, he notado en ti –aunque estés situado en la retaguardia, detrás de la barrera de los dos cajeros– una clara disposición para atenderme. ¡De los cajeros a la fuerza paso porque son pocas las veces que hago ingresos! Nada más verme, con mucha amabilidad, me haces el gesto para que me acerque y me siente. ¡Conmigo te comportas como un banquero personal, igual que si estuviese montada en el dólar!

Un día, después de que la impresora escupiera una cantidad desorbitada de cargos, aparecieron los números rojos en el extracto de mi cuenta. Ante mi nerviosismo y vergüenza, en tu afán por tranquilizarme, cubriste con tu palma una de mis manos. En ese mismo instante, con tu contacto y en un plis-plas, noté que algo recorría mi interior. Sentí algo especial, maravilloso. No sabría decir si fue un cosquilleo o un escalofrío o una culebrilla que me subía desde los pies hasta la cabeza o un estremecimiento que en mi vida nunca había sentido. Te miré fijamente. Recuerdo que me fijé en tu cara de manera distinta a lo habitual, pero con el desespero y la amargura de ver la rayita del menos en el saldo, seguida de una cifra considerable de euros. Sentirme insolvente frente a mi única empleada, dejó mi ánimo tirado por los suelos. En ese momento, con la cuenta al descubierto y muchos pagos pendientes a Hacienda y a los proveedores, podría haber gritado como una loca, haberme tirado de los pelos, dar puñetazos sobre la mesa, desaparecer del globo,.... Pero, mis ojos -suplicando tu apoyo- se clavaron en los tuyos y con la magia de Cupido me enamoré locamente de ti. Y ahora estoy beoda perdida de amor; como si me hubiese bebido media docena de cubatas con elixir de pasión. Eres lo más grande, el hombre más maravilloso que jamás he conocido. ¡Si tu pudieses ver por mis ojos! ¡Ay, si pudieses ver! ¿Que qué verías? Pues un mundo lleno de color con las dioptrías del enamoramiento. Vaya, que por más que me cruce por la calle con hombres de buen ver, sólo tengo ojos para ti: ojos para tus ojos, ojos para tu boca, ojos para tu cuerpo, ... La feniletilamina del enamoramiento parece que me ha puesto prismáticos, acercándome a las nubes. ¡Viajo montado en ellas, como flotando, en Babia! Sin duda, tu imagen y tus recuerdos ocupan todos los bits de mi cerebro.

Esto me sucede cuando no te veo. ¿Y cuando te veo? ¡Ay de mí! Mi corazón no para y me da la sensación de que de la emoción quisiera salir de mi pecho y saltar hasta los zapatos.

Sé que somos tímidos el uno con el otro. Tú tienes fácil escapatoria para desviar la mirada de la mía, dirigiéndola a la pantalla del ordenador. Pero a mí, al virarla, no me queda otra que parecer una pánfila mirando la cara del director o el pelo engominado de tu compañero (deformación profesional) o a una mosca que pase volando. Pero sé, Borja, que tú también lo pasas fatal cuando fijas la mirada en el detalle de los movimientos de mi cuenta. Seguro que el rojo de los números rojos resulta todavía más alarmante en la pantalla, y a ti te preocupa tanto como si fuese el detalle de tus movimientos.

Me gustaría que supiéramos comportarnos como adultos. Con casi treinta años ya hemos dejado de ser niños. Mi mayor deseo sería –porque sé que tú también me amas – escuchar alguna palabra bonita que surgiera de tu boca. Cuando me hablas con seriedad y rigor de los Créditos ICO, del Préstamo Renting y de la Póliza de Crédito, mi pensamiento viaja con las nubes y no me entero de nada. En mi interior repito con insistencia: “Te amo con locura”. “Te quiero”.... Pero todo se queda dentro de mí. ¡Sí, muy adentro! No me atrevo a confesarte en persona mis sentimientos. Lo que más deseo es que me concedieras el préstamo de tu amor eterno ¡Éste es mi mayor anhelo! A buen seguro yo te lo iba a devolver con creces.

Tus compañeros intuyen que mis frecuentes visitas están motivadas por la necesidad que tengo de verte. ¡Los he cazado pegándose algún que otro codazo! A ti se te ilumina la cara cuando asomo por la puerta y sin poder disimularlo en tu boca aflora una sonrisa. Pero este AMOR exagerado que siento ya no se conforma con verte sólo cinco o diez minutos por las mañanas. No me llames loca, si acaso de amor, pero, creo que hasta necesito dormir a tu lado.

Y es que esta clienta de los números rojos te ama con locura.

 

 

                                   PENÉLOPE

 

 

P.D.: Mañana vas a faltarme mucho. Después de esta declaración de amor difícilmente podré acudir al banco. Ya sabes, mi número de móvil, en la ficha de clienta.

 

 

 

 

                                        

 


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