EN EL INFIERNO

escrita por Pepe Acero dedicada a Nitro

domingo 7 febrero 2016    2.40 corazones

EN EL INFIERNO

 

Sueño que me piden lo imposible. El sueño es tan nítido y auténtico que tengo miedo de despertar porque así tendré que enfrentarme a la realidad, pero no, no estoy soñando, me piden que deje de lado nuestro amor, que nuestro amor es imposible, sin razón, una perversión o cosa semejante, algo que casi rozaría lo delictivo. No, me gustaría no escucharles pues nada puede haber de impuro en nuestro amor, o de insano, porque eso ni siquiera se aproximaría a lo que yo siento por ti. 

Me enfrento a las noches sin ti con mi corazón lleno, repleto de amargura porque no puedo imaginar que semejante calvario pueda acompañarme hasta el final de mis días. Casi preferiría que tú me dijeras que no me quieres, que me odias, que no quieres vivir más conmigo y que soy demasiado mayor para ti. Puede que tu crueldad me hiriera pero eso sería como bálsamo al lado de esta tortura, de esta agonía sin fin a la que me veo sometido sin que ninguno de los dos lo hayamos deseado. Te amo. Eso es lo que quiero decirte ahora que no te tengo entre mis brazos. 

No puedo hacer nada más que escribir esta carta, y eso a duras penas porque me alboroto, me desespero y me levanto, y doy vueltas por la casa como si estuviera en el fondo de la cárcel más putrefacta del infierno. Estoy en el infierno sin ti. 

Y me duele porque ellos no saben  lo que yo siento cada vez que estás a mi lado, porque no puedo decir que me he pasado más de cuarenta años buscando a alguien como tú, en los trenes, en los autobuses y en los bares, en el instituto y en la universidad, en las calles de muchas ciudades del mundo, en los parajes solitarios, en las aldeas de lugares remotos donde nada podía vencier mi esperanza de encontrarte. 

Perseguía cuerpos, melenas, caderas y torsos, piernas, trenzas y espaldas; mi corazón se volcaba en buscar el ideal exacto de mujer sin que tuviera ya mucha fe ni ninguna esperanza hasta que te vi aparecer y de forma discreta, leve, ágil y sinuosa me dejaste ver tu corazón y el mío se agitó, de emoción y de dolor, de angustia, de deseo y reconocimiento. 

No, mi Dios no me había abandonado, jamás, si acaso llegó tarde, pero ahora ha llegado, con tus formas precisas, perfectas, y la boca que siempre deseé, y la forma de tus cabellos como los había imaginado, junto con el nombre más bonito del universo. 

Sueño que me piden lo imposilbe, así que si tienes corazón, déjame, porque soy cobarde, y porque te amo y no renunciaré a ti de buena gana, así que déjame tú si quieres porque yo jamás podría, amor, jamás

Te quiero

 


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