EMBOSCADO

escrita por Aymer Waldir dedicada a la novia

jueves 12 febrero 2015    1.00 corazones

EMBOSCADO

 

Pronuncias el castigo antes de escuchar descargos, suena el látigo que me aquieta desde el temor de verme sorprendido en el silencio; me enlazas a traición y ajustas la mordaza del reproche. Apaciguado así, inauguras tus intentos de seducción para domarme. Traes motivos sobrados para vengar las múltiples infidelidades que otros han cometido, pero dices atraparme por mi incontinencia. Posas de desdichada y viertes la materia de una nube frente a mí para confundirme. Bebo, sediento tras la captura y no percibo la diferencia entre el agua apetecida y el brebaje ofrecido; se inunda mi voracidad con la calma que trae el hechizo. Me conduces del cabestro a tus antojos y me encierras en el establo del desprecio.

 

Preso allí, veo como ofreces banquetes en el Olimpo y no me invitas. El rastro de tus excesos se acumula en tu tono de voz, y en el oh de tus palabras, que proponen calma, escucho el arre no pronunciado de la revancha. No es conmigo el desquite, desamárrame. Déjame libre en el bosque. Permíteme salir al galope huyendo de tus obsesiones. Regrésame al sitio de donde me has sacado con la intención de calmar tu angustia. Desátame para esquivar la rudeza de esta costumbre que tienes de producir dolores, permite que la disciplina de mi linaje no obedezca ciega tu llamada de capataz.

 

No quiero sobrevivir a los lacerantes sufrimientos que produces con las flechas de tus celos, renuncio a la calidad de inmortal que tu misma me procuraste. Resigno mi cuero a ser marcado por tu fuego pasionario con la condición que sólo en mí te montes, propongo este convenio tras la huella de aquel paraíso que perdiste; allí también estuve y fueron tus manos las que me lo arrebataron.  Libérame o vuélvete fiel como pregonas para equilibrar la balanza en que me subes.

 

O permíteme, entonces, salir desbocado a meter todas y cada una de mis seis extremidades entre las equivocaciones posibles del jardín laberíntico del placer. Que la lujuria también ascienda por estas cuatro patas equinas y estos dos brazos humanos. Que la lascivia arree este trasero del que surge la mitad posterior de un caballo. Suéltame para copular a mi antojo con yeguas magnesias. Déjame ser Quiron… regrésame al sitio de donde somos los centauros.


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