EL TRISTE BESO DE SATAN

escrita por Rosa Azul dedicada a A ellas, a todas y cada una de ellas.

jueves 3 febrero 2011    3.65 corazones

Te escribo esta carta para que sepas lo mucho que he llegado a amarte y  lo que he penado al verte sufrir tu locura, que ha sido en parte también la mía. Hemos padecido tanto desde el momento que nos conocimos, que yo creía que el destino nos estaba castigando por algo que tal vez hubiéramos hecho mal en otra vida. No pensaba que hubiese otro camino por el que andar sin golpes, pero me han abierto mis morados ojos y he visto un pequeño destello, al que voy a seguir sin volver mi cansada vista atrás.

 

Esta carta, como podrás comprobar es para despedirme de ti, no te preocupes ni te pongas nervioso ya que te he dejado carne en el congelador para todo el mes. No te olvides de encargar el bocadillo de tu almuerzo de un día para otro porque no te lo guardaran. Las flores de la terraza… déjalas que se marchiten...

 

Tú sabes que mi vida contigo es un infierno, es por eso por lo que me marcho, para que no suframos más ni tú, ni yo. No pienses en ningún momento que lo hago por hacerte daño, por venganza o por rencor, por favor, no son esas mis intenciones, solo lo hago, y bien lo sabe Dios, porque te amo con la fuerza del mar y del viento, pero tú también me dañas con esa misma fuerza y ya me rendí.

 

Antes de despedirme, quisiera que supieras, como cada noche empapaba las sabanas de nuestro lecho con lagrimas de sangre que manaban de mis oscuros ojos, soñaba, que todo era una pesadilla y al despertar vería mis miedos convertidos en sonrisas, pero me equivocaba y tú estabas allí cada mañana para despertarme con un grito, que yo traducía en un te quiero, con un golpe, que yo transformaba en una caricia, con un bravo zarandeo, que yo enmascaraba en un abrazo, con un incomprensible odio, que yo convertía como por arte de magia, en un bonito y envidiable amor.

 

Nunca te revelé mis miedos y pensamientos, nuestro silencio siempre lo inundo todo y ahora con mi marcha te voy a desvelar todo aquello que me hiciste sentir. Aquel fatídico día que, celoso de una mirada que ni siquiera iba dirigida a mí, me partiste el brazo y me dejaste tirada en medio de la cocina tras la vuelta a casa, solamente pensé que el crujir de huesos era mi alma rota en mil pedazos y en tu precipitada huida, te habías llevado un trozo chiquitito de ella. Y las noches en las que aparecías ebrio y  endemoniado, me tirabas tu botella de alcohol a la cara, yo imaginaba que me arrojabas una flor y el desprecio de tu mirada lo trasformaba en un pícaro guiño de enamorados. Podría enumerarte mil situaciones en las que he sentido tu traicionero amor, pero ahora ya es tarde para el perdón que nunca salió de tus labios y para el dulce beso de amor que nunca quemo los míos

 

Te pido como último favor y el primero que tú me harías, que no me busques, que me dejes seguir por este  sendero de oscuridad hasta encontrar por mis propios medios, la luz al final de la travesía, solo así, dejare de ser esclava de esta vida miserable en la que me encuentro ahora. No soy nadie para dar consejos pero, te ruego que no hagas padecer a nadie la angustia que me has hecho sufrir a mí, que seas feliz y veas muchos amaneceres, amaneceres que si yo hubiera seguido a tu lado los tendría contados.

Sin nada más que decirte, por mucho que mi corazón diga lo contrario, se despide de ti  tu mujer, que nunca fue de tu propiedad, con el alma inundada de amor y el corazón lleno de azotes.                                                                          


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