El D(OLOR) DEL VACÍO

escrita por Noviembre dedicada a la ausencia de Jaime.

lunes 6 febrero 2017    2.55 corazones

A Jaime, por fin he roto el silencio de tu nombre:

            Recuérdame como el alma que murió entre tus  brazos, recuérdame como el alma que se reencarnó en harapos que hacen equilibrismo sobre una cuerda recreando un falso paraíso sobre el amor, pero recuérdame. Estoy condenada al eterno olvido si pronuncio tu silencio, me ahogo con mi propia existencia, con mi infelicidad, estoy vacía.

            Hoy te escribo mi efímero grito, y en el intento escupo una ridícula lágrima —sexo literario y llanto precoz—. He cambiado de lugar los muebles de mi habitación, una rotación temporal contrarreloj que me indica que es tarde. Se aproxima una catástrofe inevitable, todos lo saben, forman parte de ella, son genuinos cómplices que comparecen ante el jurado como víctimas del silencio. Jaime, defiéndeme, échame las manos al cuello y asfíxiame, arranca mi piel, desnúdame con crueldad, personifica mi culpa y encadéname a ella, lánzame al mar, deja que me hunda. Jaime, ven.

            De nuevo lloro, es lo único que sé hacer. Describo un día aguado sin lluvia, es mi soledad la que golpea el suelo de esta habitación. Mi cama es un hogar de olvido, donde me regodeo y ahogo y asfixio y respiro y fantaseo y escribo y me masturbo y duermo y existo. Siento claustrofobia si lo pienso. Jaime, ya no quiero existir, me duele respirar y caminar mis heridas, siento en mi piel el eterno cuidado por una muerte digna de los grandes escritores ─suicidio─.

 

(Pausa para la cordura.)

           

Querido Jaime:

            Acostumbro a escribir cuando la noche entra en escena haciendo su gran aparición, pero llevo toda la vida escribiendo, ya no sé cuándo fue de día por última vez, sálvame de la noche, sálvame de ti. Hoy te siento si toco mis palabras, eres el mayor espectáculo sensitivo que mi piel deleitó. ¡Oh, Jaime, qué placer escucharte! ¡Oh, Jaime, qué placer acariciarte! ¡Oh, Jaime, qué placer besarte! ¡Oh, Jaime, tu olor, cómo dueles (hueles)!

            En momentos como este me pregunto qué es el amor, pero habría formulado la pregunta erróneamente. Dime, Jaime, ¿quién es el amor? A estas alturas toda esperanza ha sido desgastada, le costaría caminar si su destino fuese correr, quizá sea hora de ofrecerle un vaso de agua.

            Está amaneciendo, siento cómo mi existencia se desintegra y ahora soy polvo atravesado por los rayos de sol que entran por mi ventana. Jaime, es de día, por fin es de día.


En esta web utilizamos cookies, tanto propias como de empresas colaboradoras, para obtener datos estadísticos de la navegación de los usuarios, lo que nos permite mejorar la información y la publicidad que te mostramos y adaptarla a tus hábitos de navegación. Si continúas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Más información