El caos y la estrella.

escrita por Miguel dedicada a Ariadna

jueves 30 enero 2014    3.00 corazones

Mira en mis ojos y dime que no ves la estrella. Mira en mis ojos y dime que no ves en ellos el torbellino de fuego que sale a tu encuentro. El vórtice de agua infinita que gira llamándote a naufragar en ella. Mira en mis ojos y dime que no ves el caos. El que tú has sembrado allí, el que ha nacido por tu culpa. ¿Qué es el caos? Me preguntas. No lo sé, pero lo adivino en la madrugada cuando todo parece hundirse a mi alrededor y mi mente deambula por laberintos sin esperanza. Pienso entonces en ti y en el caos. Pienso que no es el simple desorden, la decadencia, el triunfo último de la entropía. Pienso en el caos como método y como origen. Como método porque gobierna cada uno de mis actos, de nuestros actos. No es el simple descuido del azar, sino la incertidumbre preñada de futuros que nos recuerda que nada está determinado, que todo tiene consecuencias que jamás sospecharemos. Que el batir de las alas de las mariposas que habitan mi pecho podrían desatar un tornado en tus labios. Pienso, por ejemplo, que el número de nuestros encuentros está cifrado en una cantidad indeterminada pero finita. Lo nuestro no es un destino sino una ecuación infinitamente compleja, cuyos parámetros variamos con cada mirada, con cada palabra, con cada beso. Nuestra dinámica es tan compleja que escapa a todo cálculo previo, el caos (pero no el absurdo) nos gobierna. Eso me hace imposible toda estrategia. Solo puedo cerrar los ojos y apostar mi aliento. La ecuación, por supuesto, es insoluble, pero a veces siento que puedo acercarme a su sentido, que puedo hacer burdas aproximaciones, me aferro a la teoría de las perturbaciones para sobrevivir a la noche. Y es cierto que nos aproximamos peligrosamente con cada encuentro; aunque nunca olvido que un sistema caótico puede irse al mismísimo infierno con una variación tan sutil como el parpadear de tus ojos de mariposa cansada, o puede soportar mi huracán de desaciertos sin que se le despeine un sueño. Pero, de nuevo, recuerdo que la cifra es finita, por lo que alguna vez será definitiva. La muerte, tus caprichos, mis pobres dudas, el desgaste inexorable al que nos condena la entropía del universo, cualquier cosa puede detener el mecanismo de nuestras coincidencias; pero no importa: El caos no sólo es método, también es semilla. Todas las mitologías lo saben. El caos es el arjé primero, la fuente primigenia, la raíz de toda luz y toda sombra, la chispa que enciende la vida, el origen de la estrella. Pienso en mi vida como en el río de Heráclito el oscuro, fluyendo linealmente, sin sobresaltos, sin vida. Pienso en las rocas del fondo, en las ramas que caen en él, en la lluvia que lo alimenta, en todas las perturbaciones que lo alborotan y lo llevan a saltar y a danzar con la luz en las cascadas, a aventurarse más allá de su lecho. Pienso en los remolinos que se forman, atractores que se tragan lo que se acerque a su horizonte, en las dinámicas inconmensurables que gobiernan su trayectoria y su muerte. Pienso en ti atrayendo todas mis palabras, todas mis miradas, mis canciones, mis asombros. Pienso en el torbellino sideral en el que nacen las estrellas, girando majestuosamente en la oscuridad más profunda, en la inconcebible fuerza de su danza y en la chispa primera que enciende su luz, y lo pienso porque así me enciendes, así me haces dar vueltas en la madrugada, buscando palabras para definirte, para atraparte, para huir de ti. Es por ti que hago nacer estrellas. Soy un dios maldito que crea universos de cada una de tus miradas, de tu sonrisa hago una constelación, de tu voz un océano, de tu sexo un abismo infinito habitado por la noche, de tu nombre puedo hacer una galaxia. Lo eres todo en estas noches, el vórtice que devora letras y recuerdos, suspiros y guitarras; la turbulencia que desarma mis argumentos, mis cálculos, mis palabras: la incertidumbre que me acaricia con su mano ardiente y fría, la semilla que se enciende en mi mirada. Mira en mis ojos y dime que no ves brillar la estrella, dime que no te ves a ti misma. ¿Qué es el caos? Me preguntas. Mírame en tus ojos. Tú eres el caos y la estrella. Yo soy solo un tonto que ve llegar el alba.


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