Ecos de un alma enamorada

escrita por Niusas dedicada a Eglee Soledad Meneses

lunes 13 febrero 2017    3.09 corazones

Linda, es mi deseo que leas estas palabras que brotan de los más profundo de mis sentimientos. Que emergen con sinceridad y con el más puro amor. Ayer, no te llamé a la misma hora que solía hacerlo. La noche anterior llovió tanto, que pensé no escamparía si no en la mañana. Pero cuando desperté no me encontraba en mi cama, ni en la habitación en la que te extrañaba. Yacía en un cuarto sin luz y rodeado de sombras inciertas. Y aunque no era capas de moverme quería salir corriendo a buscarte.
Nadie, si no yo lo sabe. Pero sigo aquí tullido con un frío que muele mis entrañas. Con la piel que perdió su lozanía y con los ojos marchitos de vida. Por eso no te llamé. Por eso nadie te ha dicho nada. Solo que tú piensas que me fui sin avisarte.
No se qué pasó conmigo. No quiero preocuparte. Solo quiero expresarte lo mucho que te extraño, te pienso y te amo. Quiero decirte que si volviera a nacer, tendría siempre el mismo corazón para pensarte, los mismos ojos para verte y la misma ilusión para no alejarme.
¿Sabes amor? Recuerdo con pasión la tarde en que te conocí. Ese mismo día te besé por primera vez. Desde ese momento, me convertí en el ser más feliz del universo. No olvido ningún detalle de tu rostro: Tus ojos verdes, tu nariz aguileña, tu sonrisa diamantina, tu cabello lacio y castaño y tu piel bronceada. Y ese cuerpo tuyo, delgado como un maniquí y tus brazos que terminan en unas manos tiernas y delicadas. ¡Ah, y tu voz! Esa voz que viajó desde tus labios para socavar mi cerebro y permanecer ahí para siempre como una parte vital de mis lóbulos, los que te fotografiaron un millón de veces para nunca olvidarte.
Solo han pasado unas horas desde la última vez que hablé contigo y ya te extraño como si hubiese años de distancia. No quiero escuchar nada distinto que tu voz, ni siquiera el tic tac de mi reloj biológico, solo quiero tenerte cerca. A mi lado llenando mi piel de caricias y mis oídos con tus susurros de pasión.
Si pudiera liberarme de estas ataduras que me tienen inerme, con seguridad estaríamos juntos celebrando nuestros primeros tres meses de noviazgo. Protagonizando nuestro gran día, nuestra primera vez en medio de los abrazos y los besos. Viviendo como locos apasionados, experiencias únicas e inolvidables, en medio de quejidos ensortijados, mientras nuestros cuerpos delirantes y en libre contexto, deberían estar derritiéndose de calor frente a la pasión sublime del sexo.
Ahora no hago otra cosa distinta que suspirar por los momentos que ya no fueron. En otro tiempo, seguro brindaría por ello. Por eso lloro, porque siento que las oportunidades que se van no vuelven. ¡No regresan! y tengo miedo. Quisiera que todo esto fuese un sueño y no esta cruel y cruda realidad que me carcome el alma y me oprime el pecho.
¡Te juro! ¿No sé qué pasó conmigo? Solo recuerdo que mientras te escribía versos, de repente, me sentí agotado. Y cuando ya casi me quedaba dormido me sobrevino un fuerte dolor en el pecho que me sacudió todo el cuerpo, pero parece que al momento me relajé y caí fulminado por el sueño, hasta que desperté cuando sentí que habían pasado ya muchas horas sin escucharte. Era que no te había llamado, fue un descuido mío y no sé cómo repararlo.
¡Linda!...Si al menos pudiera verte. Mirarte a los ojos y decirte que no fue culpa mía. Que no te abandoné. Que sigo aquí pendiente de todo lo nuestro, extrañándote y rezando para que a la vuelta de las horas pueda reunirme contigo y abrazarte. No te alcancé a decir que tenía lista una sorpresa para el día de los enamorados. Es una cadenita de plata con nuestras iníciales. Solo espero tener la oportunidad de colocártela en tu cuello mientras te doy un beso. También quisiera terminar de escribir un libro de frases tiernas, para que nunca olvides que mi amor por ti, es como si fuera universo de letras persiguiéndote. El último verso que compuse me lo sé de memoria. Solo mira lo que dice: Cuando te sueño mía, no hay mañana sin un sol que alumbre. No hay atardecer que el viento no acaricie las flores. No hay luna llena a la media noche que no se colme de miradas. No hay presente que recuerde, los besos que te di mientras dormía. Y no hay ayer, que me sonría, con tanta dicha, como hoy… ¡que te hice mía!... ¡ah…ese último verso es mi gran anhelo! y espero que te guste amor.
¿Sabes otra cosa? No pienses mal de mí si te digo que en este momento, no sé en dónde estoy ni a dónde iré. Pero con sinceridad quiero decirte que me siento más relajado, como si descansara en paz. Es una sensación que va más allá de lo carnal. Siento que voy tras el rastro que deja el destello luminoso de diminutas células que parecen volar buscando los límites del cielo. Siempre van delante de mí, pero me esperan unos segundos y me uno a ellas con paciencia y sosiego. Amor lindo, ahora mismo presiento que mi alma se convirtió en luz omnipotente que viaja por la eternidad…por el universo buscándote. Pero la verdad no sé cuándo ni dónde podré verte de nuevo. Amor… quiero decirte mis últimas palabras: Amor no dejes de pensar en mí… ¡por si algún día regreso!...Tuyo siempre…


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