Dormir solo

escrita por Carlo Cuñado dedicada a A la persona que está ahí fuera esperando

miércoles 29 enero 2014    3.00 corazones

 

Dormir solo

TEsta noche has dejado de abrazarme a las cuatro y treinta y dos, pero ya lo había notado tres minutos antes. Tu aliento en mi nuca, es como la brisa del mar al instante uno de pisarlo. Angelito ¿Cuál ha sido tu pecado? mi cama es infierno, y tu tan cómodo…

Me desvelo, me siento en la silla del escritorio huyendo del suelo, por el frío, y fumo. Fumo y juego a las formas con los rayos de luz que se cuelan por la persiana, siempre me gustaron los rayos de luz que se cuelan por los huecos de las persianas.

Sigo fumando y te mueves, no sé muy bien el qué, pero balbuceas, hablas sin palabras, yo también te quiero… lo que dure esta noche.

Si duermo con los ojos abiertos es para no dejar de verte. Al despertar, no recuerdo los sueños pero me da igual, porque parte de ellos los tengo delante. Lo más semejante a una pesadilla es pensar en el ruido del despertador.

Por fin otro ritmo silencia mi fobia al  tick tack, es el mismo ritmo que acompaña mi respiración. Mi pecho golpeado por tu corazón.

Duele soñar con otra almohada que no sea sobre la que descansa tu cara, abrir los ojos y desteñir al príncipe azul con realidad gris.

Me gusta mirarte mientras duermes. Aunque yo no lo haga, no hay otra forma más dulce de descansar. El ruido no molesta, acompaña. Sé que hace frío pero no quema. El mundo se para, ya no me importa, esta noche es para nosotros y vamos a jugar…

Me despierto y te beso, me despierto a posta, nada es capaz de quitarme el sueño, ahora eres mío.

Sería genial poder comprender los sueños, entenderíamos más la vida, descubriríamos la magia que nos hace únicos, porque lo somos. No habría tanto diferencia entre lo que queremos y lo que tenemos. Soñar nuestra vida por vivir un sueño… Dejaríamos de ser tan frágiles, no echaríamos tanto de menos el verano.

El sudor no incomoda, lubrica la improvisada coreografía de dos, o más, que no  quieren perder el tiempo durmiendo.

Va a salir el sol, llega el final. Me pides que eclipse la realidad y baje la persiana, ya dan igual los agujeros, llegado el amanecer, no quiero ver nada, me basto con las manos.

Estiramos los minutos, evitando el aliento de dos fumadores al despertar, besándonos sin respirar. Sin hacer ruido… Y suena el despertador.

Miro de reojo pero fijamente, el maldito aparato que sirve para recordarnos que el tiempo pasa. Impaciente omnipresente que nunca espera, y le digo: ¡Solo pido follar olvidando tu existencia! La afonía del gallo suplico o que la campana de la iglesia del barrio sea de chocolate, y que al gritar la hora de comenzar la rutina, se rompa en mil onzas por el golpe, cual piñata y llene los bolsillos de los niños del bloque. Pero en esta madrugada, hoy, falta alguien, uno de los niños no se levantará de la cama, dentro de ella hay vida más dulce, y la misión es saborearla.

Despertarse acompañado, al madrugar por obligación, es como desvelarse de una siesta de verano, no cuesta.

¡Vamos niño! y yo contesto: cinco minutos más por favor. Me abrazas, en seguida inmóviles, sonrío, respiramos, sonríes sin querer, te miro la boca y cierro los ojos, y que tus labios sea lo último que vea.

Lo peor de dormir acompañado, es que he vuelto a sentir que estás ahí fuera, solos. Yo seguiré esperándote, aunque a veces duela.

Y el realista, le dirá al soñador, que sin él, moriría frustrado, pero voy a tener paciencia, y mientras te entretengo con más palabras, te digo: lo que no sabe tampoco el realista, es que sin el soñador, no despertaría nunca.


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