Distancia y extenuación

escrita por Levi dedicada a JCHO

viernes 4 febrero 2011    3.71 corazones

Hola:

Acaeciendo la noche, me doy cuenta de que por un tiempo indefinido, has emprendido un camino que desfigura tu silueta más allá del horizonte, a cientos de kilómetros ya no de mi cuerpo, sino de mi esencia. Te distancias porque necesitas tomar perspectiva, y yo resto solo con tu imagen todavía en mi retina, y tu huella más allá de mi pecho, con la mirada y el alma congeladas en un punto clave de mi campo de visión, y con un temor que no termina de surgir por lo repentino de lo que acontece.

                Mis pasiones están bloqueadas, y todavía no soy capaz de reconocer o interpretar bien los signos de este mensaje, a pesar de que sé que cualquier cosa que necesites es buena para los dos, y por tanto, yo también la necesito. Te he ayudado a hacer la maleta, así como a cerrarla, pero es trabajo tuyo cargar con ella hasta tu destino. ¿Qué más quisiera yo que ayudarte a llevarla?

                Parece mentira que me sienta como me siento tras un intervalo de tiempo tan breve desde que nuestros caminos se cruzaron, pero lo cierto es que llevas rondándome en la cabeza todo el día, y apenas hace 24 horas que nos hemos despedido. Pero, ¿sabes?, me da igual; no he sentido vértigo, porque he leído la palabra “sinceridad” en tus ojos, y la sensación táctil de estrecharte la mano con mis dedos entrelazados con los tuyos me ha imbuido, durante estos días, la seguridad que necesitaba para enfrentarme a algunas situaciones que han acontecido recientemente. Desde el primer momento, presentí que algo brillaba más que la simple complicidad, y aunque para ti sea pronto, para mí se afianza día tras día.

                Hay una cosa que hoy, extraño especialmente: acariciar tu cabeza mientras me pierdo en tus pupilas. La sensación de mirarte a los ojos mientras juego con tu pelo, y recibir contestaciones gestuales, sin palabras, de minutos y minutos. Cuando te miro a los ojos, siento que puedo permanecer toda la noche haciéndolo, casi sin parpadear… Me apasiona mirarte: con tus ojos, transmites más que cualquiera de las cartas que pienso escribirte desde hoy. Echo mucho en falta tu mirada.

                Si todo va bien para mí, algún día leeremos juntos estas cartas, y sonreiré sonrojado mientras me recuerdes algunos de sus pasajes. Espero ansioso el día que esto pase, porque posiblemente, será el mismo en que me fundiré contigo en ese abrazo que tanto anhelo desde la otra punta de la península.

 

                Te extraño mucho hoy, día 30 de diciembre de 2010.

 


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