DESENGAÑO

escrita por NES dedicada a FICCIÓN

martes 11 febrero 2014    5.00 corazones

Tengo que reconocer que, a pesar de que nadie me avisase, yo, que siempre he sido muy cauto, lo había visto venir desde la primera vez que, encontrándonos por casualidad en medio de la plaza, vi cómo me mirabas. Supe en ese momento que se abría una grieta en la tierra por donde habitualmente caminaba mi vida, sabía que el equilibrio, que no es lo mío, me retaba a pasear al borde de un abismo del que no se atisbaba el fondo, negrura infinita hacia abajo con rumores de desengaño entre sus paredes verticales.

Desengaño, esa es la palabra que viene a mi alocada cabeza, que una vez creyó en lo que jamás había creído.

Desengaño es lo que avanza en mis entrañas como la marea embravecida que todo arrastra a su paso… Es el quebrar el sueño en las madrugadas para dar mil y una vueltas a lo mismo, es sentirse destronado y sometido al ostracismo de tu propia patria, esa que construí y en la que me coronaron, poniendo a mi lado a la reina, la más bonita de todas las reinas, que antes como princesa me dio lo que quería, solo por el calor del trono.

Hubo una rotonda de entrada al pueblo que hizo las veces de puerta, que al atravesarla abría nuestro reino, aquel que solo compartíamos los dos, hubo una Rambla, que por paseo, hacía las veces de jardín del palacio, hubo esquinas y escondites en laberintos imaginarios donde nos guarecíamos de miradas ajenas y hubo más, manos entrelazadas en nuestra fantasía, yo fui Paris y tu Helena y mientras Arturo discutía en la Corte, hice las veces de Lancelot, mientras tú, Ginebra mía, solo tenías para mí tus ojos…

De todo lo que hubo, solo queda un poso amargo que camina despacio por mi interior, abriéndose paso por nuestra fantasía, que ya solo siendo mía se derrumba y oscurece mientras espera que su desdichada reina vuelva a encontrar un nombre. Este reino se diluye, las hordas de la barbarie invaden las fronteras que tan celosamente había querido proteger. La sinrazón y la desesperanza campan a sus anchas por donde antaño solo había algo nuestro.

La sangre derramada en forma de desprecio crea por fin un vacío que buscabas sin atreverte a decirlo… ¡El rey ha muerto! ¡Viva el rey! Porque tú me creaste como tal y por tanto tú has tenido el poder para destronarme, tú, mi Reina, has vuelto a ser Princesa, que en el fondo es el papel que te acomoda, es el papel que te permite vivir en un eterno cortejo, donde los caballeros de relucientes armaduras baten sus espadas por ganarte una mirada, una gracia que concedes, como siempre, al campeón del momento, aquel que aún siendo Princesa, te hace soñar con ser Reina.

Después de un tiempo he comprendido a qué se refería el cantante cuando hablaba del «Mar antiguo», aquel que abandonaba, hastiado de su presente, en pos de algo diferente a lo que aferrarse, para al final, añorar la paz que con tanto esfuerzo había ganado. Yo mismo icé el velamen y conduje mi pequeño barco en busca de la aventura de un Océano sin explorar, dejando atrás mi Mar antiguo y tranquilo, y ciñendo con fuerza unas velas remendadas para la ocasión. Y yo, hoy, al mirar mis manos ensangrentadas de aguantar la maroma y ver mi orgullo en forma de pabellón hecho jirones, he decidido por fin destensar el foque para vendar mis manos llenas de heridas y empujar la botavara hacia un lado, buscando una empopada que ponga rumbo a mi casa, mar tranquilo y de historia contrastada.

Y yo mismo, como decía, me desciño la corona, antes de oro reluciente y ahora de hojalata, pongo el punto y final a una historia que más me valdría no haber empezado, que por interminable que parezca, no deja de tener un final previsible, porque los pobres, los soldados y la fiel infantería, nunca han podido ser más que lo que son, carne de cañón en el mundo de lo bonito.

Y es menester y de bien nacido el ser agradecido, y a pesar del desengaño que ahoga mis noches en el insomnio, te tengo que agradecer muchas cosas, princesa, te agradezco el sueño al igual que te reprocho las pesadillas, te agradezco la aventura y me quejo de las heridas, te agradezco la inspiración y te reprocho el vacío, te agradezco una nueva vida, que aunque ya muerta ha existido y claro, te agradezco el desengaño, porque donde lo hay, es que hubo. Y te agradezco las tempestades, para que así, ahora, sepa apreciar la calma…

Hubo un tiempo en que Ginebra, Paris, Arturo, Lancelot, Helena y Cyrano, convivieron con nosotros y guiaron nuestros pasos por la Rambla, que no era tal, hubo un tiempo en que el café no era café, era el mejor de los vinos de la bodega de palacio, hubo un tiempo en el que los viernes eran el peor día de la semana y los lunes, un sin fin de emociones por el reencuentro… Hubo muchas cosas que se han ido diluyendo en el Océano tempestuoso.

Por todo y por eso, aunque agradecido, estoy desengañado, así que en este caso, y esto es lo más triste de todo, lo que suma y lo que resta se complementan para dar vacío, estamos en paz, princesa, volvemos a ser libres.

Aquella puerta que se abría, ha dejado de ser tal, es una simple rotonda…


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