Cuerpo y alma

escrita por SUELTAME dedicada a Pablo

viernes 27 enero 2017    2.30 corazones

Va a hacer cinco años que conocí a un hombre serio, atractivo y que vestía de una manera normal, en principio nada relevante, ni para bien, ni para mal, pero que en mi creo un mundo de sensaciones. Sensaciones que yo había sentido hace mucho tiempo y que creí olvidadas. Era miedo, era alegría, era nervios, era incertidumbre, era verdad,  instinto, deseo, magia, despertar, ansia, negación, obsesión, era lo perdido, buscado y encontrado, era todo y nada al mismo tiempo, era mi imaginación.

Me imagina con él, pero sin dejar mi yo, porque sólo quería aspirar a eso, a tener cuerpo, pero nunca poseer cuerpo y alma. Pero día a día el miedo aumentaba, la ansiedad aumentaba, la alegría, la incertidumbre, y el ansia, la negación y la obsesión también, todo aumentaba, mientras que mis esperanzas disminuían y me arrastraban a la nada, a mi yo presente, ese que no tenia nada, nada de deseo, ni de ansia, ni de obsesión, ni de imaginación, ese yo de mi, al que me había acostumbrado, porque era lo que tocaba, la costumbre de estar en la calma, en el sitio elegido, sin buscar nada, sin esperar nada, sin ninguna adivinanza, sin magia, sin color, sin él, pero con otro.

 

Él hablaba mucho y yo con mis ojos también se lo decía todo, todo lo que podía decirle, porque a veces teníamos que callar, porque el mundo no podía saber que existía tanto color, tanto brillo y resplandor, no se podía saber, porque aun no era el momento, pero estaba cerca, muy cerca, mucho mas, de lo que nosotros creíamos

 

El otro y la otra, no éramos nosotros, eran ellos, ¿por qué? Porque nosotros si éramos conjunto, ellos no, ellos eran los individuales, los que no tenían nada, los otros. Nosotros teníamos el mundo lleno, el arco iris, el sol, la luna, el atardecer, la noche eterna, el despertar, el renacer, el vaso lleno, la vida misma, el mar, la montaña, el aire nuevo, la risa, el abrazo, la paz, teníamos todo y nada al mismo tiempo, teníamos el cuerpo y poco a poco, en cada encuentro, un cachito del alma, se iba uniendo, tras cada abrazo, tras cada beso, tras cada latido, tras cada caricia, tras cada mirada.

 

En cada encuentro dábamos sin saber más, más de nosotros, más pasión, más alegría, mas diversión y más amor, porque eso era lo que había y por tanto no podíamos dar otra cosa, nos conformábamos con poco, pero con todo en ese poco, no había límites a la imaginación, ni a nada, ese rato la libertad era expresada por nuestros cuerpos en una exageración máxima de dar y recibir, el cuerpo y el alma.

 

Los días pasaban, y todo crecía, y llegó el momento de soltar lo bueno, la costumbre y el yo cansado, para ir al encuentro de lo mejor, del nosotros, para ir corriendo a contarle al mundo el gran descubrimiento y para expresar a cada paso, esa libertad que ya teníamos, que era nuestra, y que en un alarde de valentía, decidimos compartir.

 

Todo estaba en contra, todo era pared, era un muro alto, pero nosotros éramos mas grandes, mas que todo y todos.

La gente esta acostumbrada a ver demasiada violencia, la gente no se asusta de un país en guerra, de un pobre pidiendo limosna, y se escandaliza por ver a dos personas haciendo el amor, a cada paso, a cada mirada y a cada abrazo, ¿que culpa tengo yo de que la gente sea así? El problema es suyo y no nuestro, nosotros ya no podemos dar más que el ejemplo, el ejemplo de que se puede amar, de que se puede ser libre y de que se puede ser todo, y que cada uno siga o no ese ejemplo.

Se necesitan valientes en este mundo lleno de cobardes, de costumbres y de arraigo, de miedo a perder cosas que nunca te pertenecen, porque no se dan cuenta, que al nacer ya están muriendo, que al nacer se viene sin nada, y al morir te vas sin nada, y que sólo te puede mantener vivo las experiencias vividas en libertad, el ser tu mismo a cada paso, es un algo que no tiene precio, al igual que las cosas importantes de este mundo que no se pueden pagar, esa que yo le vendí a ese hombre hace casi cinco años y que el me compró y pagó con la misma moneda, el amor.

 

El amor, que palabra mas pequeña, para expresar algo tan, tan grande, no se porque es tan pequeña, al menos esta formada por dos silabas y tiene dos vocales, dos voces que participan, porque el amor necesita al menos dos, para ser uno.

Aunque yo me amo a mi misma y desde que conocí a ese hombre, me amo más cada día, porque él me ha enseñado a ser yo, para poder ser más cuando somos nosotros. Él me deja ser todo, me da la libertad que nunca había querido coger, o que nunca había sabido coger, por ese miedo horrible, que nos da elegir, cuando nacemos libres, con todos los caminos abiertos, que pena que los que nos traen a este mundo, cierren algunas de esas puertas, que pena, que nosotros mismos no queramos abrir algunas de ellas, que pena que otras sean las puertas que no llevan a ningún sitio, que alegría de llamar a la tuya y que me abras, sin ni siquiera preguntar, quien soy, sin mirar por la mirilla, y sin avisar.

 

Me recibiste con sorpresa y alegría, y en muy poco tiempo, me invitaste a tu mesa, y me diste de comer, todo, todo lo que creías que me gustaba, me diste a probar, sabores nuevos y acertaste con tu elección, el pan, el vino, el mantel, todo era perfecto y todo era de mi agrado.

 

La vida nos fue dando mas de lo que merecíamos, y con el transcurso de los días, todo iba sobre ruedas, no mejor dicho, todo iba volando, porque aunque dicen que las prisas no son buenas, nosotros teníamos prisa para todo, prisa por vernos, por besarnos, por acariciarnos y prisa por estar juntos a cada rato que podíamos. Y llegó el día en el que nos fuimos a vivir juntos, y vivir ya vivíamos, pero así no sabia yo que se podía vivir, vivir, vivir, eso si que es vivir, aprovechar cada momento, cada minuto, cada segundo, no importaba lo que pasaba fuera, en nuestro mundo, ya teníamos de todo, todo lo importante que hay que tener, él y yo, sin nada mas, en esa casa no había nada, pero vivíamos fenomenal, a lo grande, de amor llevábamos maletas y maletas llenas, y de deseo tres baúles por lo menos, y de ilusión era el camión de la mudanza, que nos trajo todo lo que se necesita para vivir.

 

El tiempo como en casi todo los casos, nos dio la razón , que a nosotros nos daba un poco igual que nos la diera, porque es algo con lo que partíamos de inicio, pero a veces uno por esa cosa del ego, le reconforta saber, que más de uno se habrá sorprendido y otros cuantos se habrán mordido la lengua. Nadie confiaba en nosotros, pero como nosotros confiábamos plenamente en lo nuestro, todo salió como lo esperábamos, bueno no, mejor de lo esperado. Y el tiempo se llevo eso, las desconfianzas de los otros, pero no se llevo lo bonito, los besos y todo el amor, no se lo llevó, porque sigues conmigo, aquel hombre que yo conocí hace ya casi cinco años. Gracias amor, contigo todo, contigo siempre.

 

 

 

 

 

 

 

 


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