Cuando ya parecía...

escrita por Cardenio Alonso dedicada a Mí misma, porque he tardado en aprender a quererme.

viernes 5 febrero 2016    2.17 corazones

Viví errante hasta comprender que lo que buscaba estaba sólo a un centímetro de tu barbilla.

Éramos compañeros de confidencias y de palmeras de chocolate en un instituto que cada día se llevaba nuestras mejores sonrisas, nuestras sorpresas más puras...
Jugábamos al billar en la cantina de Andrés escapándonos de alguna clase que creíamos aburrida, y que en tu caso fue el motor de tu vida cuando decidiste dedicarte a la ciencia; "¿médico???", aún recuerdo mi cara de asombro cuando te encontré en aquella parada de autobús de forma casual. A ti se te había roto no sé qué del coche, a mí me lo habían recogido esa mañana para llevarlo al taller. Recuerdo que nos reímos de la coincidencia mientras el conductor nos preguntaba si subíamos o no; tú subiste, yo no. 
No volvimos a vernos. 
Yo me casé con aquella chica morena del instituto que decíamos que era rara, ¿sabes cuál te digo?, aquella que llegaba siempre tarde a clase medio despeinada y como si acabara de levantarse de la cama. Te sorprenderá saber que no estábamos equivocados y que sí era rara, mucho... Tan rara que cuando su padrastro abusaba de ella cada mañana antes de ir a clase ni siquiera se quejaba. Tan rara que el día que yo la recogí en el taxi para llevarla a urgencias seguía pareciendo que tenía quince años teniendo treinta y cinco, y tan rara que a pesar de todos los golpes que tenía seguía sin quejarse y sólo dijo: "Hola, Manu, cuánto tiempo...". 
Su pareja le pegaba cada día porque sí y porque no. En realidad nunca supo por qué. 
Ese día yo me quedé con ella en el hospital y no hice mi ronda nocturna de costumbre a pesar de que el dinero no me sobraba, y ya no no nos separamos hasta diez años después, porque ella decidió que quería dedicar su vida a los demás marchándose a África y que yo me quedara mirando el armario vacío una tarde entera. 
Creo que es feliz...

No te imaginas la alegría que me ha dado que me hayas invitado a ese reencuentro de antiguos colegas que habéis convocado vía Facebook, sobre todo teniendo en cuenta que llevamos siendo amigos más de dos años en la red y nunca nos hemos escrito nada por aquí, pero supongo que nuestras vidas eran (y son) demasiado complicadas como para contarlas por el "caralibro".

Al fin y al cabo entre tú y yo nunca han hecho falta palabras, sólo valor...

Éramos los mejores amigos ¿recuerdas?, todo el mundo pensaba que estábamos liados y, no voy a metirte, a veces me pregunto por qué nunca lo estuvimos, por qué nunca nos dijimos a la cara lo que luego estuvimos diciéndonos por carta cuando yo me fui a Londres y tú te quedaste en Madrid.

También me pregunto por qué dejé de escribirte cuando nunca pude olvidarte...

En fin, sólo quería mandarte este mensaje antes de que nos veamos este fin de semana para la "kedada" sin otra pretensión que saludarte y decirte que hace mucho tiempo, cuando tuve aquel accidente de moto del que pensé que no iba a salir con vida, me hice a mí mismo la promesa de aprovechar al máximo estos dos minutos y medio que dura la vida, de no desperdiciar el tiempo que me quede en intentar adivinar lo que los demás tienen en mente y de no esperar veinte años para decir lo que siento.

Nos vemos el Sábado con gusanitos de maíz de los que te gustan.
Puede que hasta tengamos suerte y encontremos algún puesto de algodón de azúcar, quién sabe.

El pasado, a veces, sólo es un tiempo verbal...


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