Como decirte...

escrita por betina dedicada a Un amor

lunes 13 febrero 2017    2.00 corazones

Llevo ya dos años pensándote a cada instante...

He conservado intacto tu paisaje, pero no sé hasta dónde está intacto sin ti. Mario Benedetti.

Los primeros días era una angustia terrible, me faltaba el aire, el pecho se oprimía impiendo respirar, los suspiros, las lagrimas, nudos en la garganta como cuando te tomas una pastilla y siente que se quedo atorada en la garganta, los ojos hinchados por las lagrimas no derramada; se ponían rojos y brillaban por la tristeza que ocasionaba el no saber que sería al final de día.

Cada tarde era gris, caminaba en automático, sentía que en cualquier momento podías aparecer y quizás dirías... aquí estoy, perdón por haberme ido... espere y espere y aún después de dos años... espero... no de la misma forma, pero aún guardo la esperanza...

Te amo... no como antes... pero te amo. Amarte me da la energía para levantar cada mañana y pedir a Dios por ti, pedirle que tengas un buen día, que todo salga bien para ti, que no de pase nada malo y que de ser posible que me recuerdes; después a correr a prepararme para el trabajo sabiendo que se hizo tarde como siempre.

Aunque todo el día estés en mi mente, trabajo y continúo con mis labores sabiendo que de igual forma tú te encuentras trabajando y viviendo tu vida, nuevamente sin mí.

Sabes que los día ya no son iguales y es que hay fines de semana en los que ya no puedo más y me siento, y pienso en los fines de semana que despertaba para rápidamente prepare y estar lista en la hora de tu llegada. Desayunar, lavar mi ropa, limpiar la habitación, hacer mis quehaceres y que mi mamá no tuviera ningún pretexto para decir que no o acusarme de no haber terminado con algo que me correspondiera hacer en casa; y al final poder bañarme y arreglarme para verte puntualmente. 

A veces pienso que vuelvo muchos años atrás como 5 o 6 años atrás, cuando aún no llegabas a cambiar mi vida y eso me tranquiliza, es como si nada hubiera cambiado, hago como que no ha pasado nada relevante en mi vida, que sigo siendo aquella adolescente que no necesitaba nada más que un poco de música, caricaturas, series de televisión y quehaceres que cumplir como niña responsable y de casa para completar mis días; una cena al final del día con la familia y un programa de televisión que ver en familia.

Sin embargo nada es suficiente aún después de los programas de televisión, las cenas, platicas y momento alegres, los quehaceres, la casa, dos mascotas, el trabajo, una amistad nueva, las compras, guardarropa nuevo, cambios de look, ejercicio y muchas otras cosas; me haces falta como si fuera el primer día, pero sin la angustia, la espera desesperada, la tristeza y el mundo que se venía encima.

Me haces falta para preguntarte cómo estás, darte los buenas días, me cuentes tus actividades, saber que estuvo bien o mal de tu día, escuchar tu voz, ver tus sonrisas, oír esas risas escandalosos, ver tus ojos, apreciar tus miradas, sentir tus manos, respirar tu aroma y al final de día darte las buenas noches en un abrazo largo para verte partir y esperar que llegue otro día para volver a verte, pero con la seguridad de que será para siempre y cada día más juntos que ayer y más cerca que mañana...

Y es que como decirte que te amo, que te ame desde la primera vez que te sentaste a platicar junto a mí y un día cuando te despediste prometiendo volver a encontrarnos me jure amarte para siempre sin saber cuándo llegaría ese día y el día que llego supe que mi corazón era para ti y hoy sigue siendo para ti, porque como dice el dice el dicho: A un gran corazón, ninguna ingratitud lo cierra, ninguna indiferencia lo cansa.

Pero como dice Mario Benedetti

 “Te libero de mí, de mis males, de mi mal genio, de los domingos por la tarde en donde nunca puedo más, del odio a mis cumpleaños, de no saber cómo hacer para regalarte algo que no pierdas. Te libero de mi desengaño, de tu karma, de mis novedades, de la contradicción que represento. Te libero de mis llamadas que te saben a autocompasión, de mis enredos, de mi cabello suelto, largo, sin peinar. Te libero de mi consciencia, del desconcierto a fin de mes, de la caída, de la llegada, de mi huida inevitable. Te dejo libre para que me dejes, para que me veas de lejos y me quieras, menos…”


En esta web utilizamos cookies, tanto propias como de empresas colaboradoras, para obtener datos estadísticos de la navegación de los usuarios, lo que nos permite mejorar la información y la publicidad que te mostramos y adaptarla a tus hábitos de navegación. Si continúas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Más información