Comiendo de la palma de tu mano

escrita por Loswald dedicada a Lucero

viernes 13 febrero 2015    1.20 corazones

 Mi amado y odiado Dorian:

 

 Me he pasado toda la tarde escuchando una y otra vez una canción, una única canción, la que sonó en la cafetería aquel día de diciembre.

Se me hace  tan terriblemente familiar su letra, describe tan bien nuestra situación, nuestro presente, predice tan bien el futuro, nuestro futuro, que no puedo detenerla, ni por un segundo.

 

<<Sabes que soy un aprendiz inexperto>>

¿Cuántas veces he estado enamorada, o pensado que lo estaba?

¿Cuántas veces he jugado en este campo?

Esta es mi iniciación, tú lo eres. Y este partido, mi primero, es tan complicado. Me ha tocado el equipo número uno de la liga.

 Esto es entrar en una ciudad de vivos colores, con ostentosas viviendas y encantadores vecinos con vidas perfectas.

Es entrar para comprobar que esos vivo colores esconden descascarados fragmentos de pintura de tonos oscuros, que las viviendas por dentro están descuidadas, humedades en las paredes, jardines traseros poblado de malas hierbas, y, los vecinos, ellos son hipócritas, cada uno es más vicioso que el otro, cada uno esconde más secretos que el anterior, y absolutamente ninguno, ni el de mejor aspecto, es de fiar.

Nada es lo que asemeja, es todo superficial.

 No engaño a nadie. Detrás del amor no se esconden sentimientos superficiales, al contrario, allí están los más profundos sentimientos que el ser humano es capaz de experimentar, mas no son todos gozosos, la mayoría son sombríos, dolorosos o inexplicables. Hay otros tiernos, demasiado tiernos para poder si quiera pensar en ellos. Por que ahí está, estos no se explican, se expresan.

 


<<Mirando el anillo en tu dedo. >>

 Mirando tu anillo, y mirando el mío.

El que tú me regalaste. Ese precioso anillo de oro con un rubí que brilla maravillosamente al sol.

El que compraste luego de no acudir a nuestra cita.

Y me encantó.

Ahora lo odio. Lo odio porque me compraste, y yo te dejé.

 Y miro tu anillo, y pienso en una promesa, en una promesa que jamás cumplirás.

 

 

<<Solo vine buscando conocimiento
Ese que no se aprende en las universidades. >>

 De todas las universidades, de tantas que según dijiste, podrías haber ido, tuviste que venir a esta, justo a esta, haciendo más probable encontrarse en aquella cafetería frecuentada por nuestros compañeros.

 Pero cuando empezamos a hablar, y cuando me pediste el número y te lo apunté en la última hoja de tu libro de derecho, yo sabía lo que pasaría, cómo acabaría, porque quería aprender, quería saber.

 Y ahora sé demasiado.

 

 

 

<<Puedo ver el destino que ofreces,
Envuelto en una resplandeciente cinta dorada. >>

 Tú que tienes todas esas facilidades, todas esas mansiones, tú que estudiarás derecho, y serás un abogado de éxito, como tus padres.

Y vivir en una mansión de esas, y las reuniones de la alta sociedad, y todos los regalos de tanto valor, no sentimental, que me puedes dar.

 



<<Sí, me tienes en la palma de tu mano.
Estoy en la palma de tu mano. >>

 Porque, a pesar de todo, no estoy dispuesta  a dejarte atrás. Me tienes girando en tu dedo, comiendo de tu mano.

 Porque por mucho que me abandones en los restaurantes de lujo, o que te espere en ellos durante horas, y, luego, para compensarlo, me compres con materiales, dedujo, también, por mucho que pienses que podrás comprar mi amor, te equivocas.

 Porque ya lo tienes. Y nunca lo perderás. Desde la primera sonrisa que me dedicaste al mirarme, firmaste, sin saberlo, el contrato de la mayor riqueza que alguna vez tendrás. Tienes mi amor, por siempre, me tienes.

 

 

<<Me aplicaré con dedicación a aprender tus enseñanzas,
Y verás como me complazco en tu saber.

Cuando encuentres que tu sirviente es ahora tu amo.

Y entonces serás tú quien esté en la palma de mi mano.

Sí, en la palma de mi mano. >>

 No dudes que esto pasará.

                                                    

                                                                                                                     Tuya, desgraciadamente, Mia.


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