Coincidencias

escrita por Damián Cisneros dedicada a Andrea Zárate

domingo 9 febrero 2014    3.33 corazones

Mi frágil Emperatriz de las mariposas:

Es cierto que cuando alguien pide una disculpa es porque se arrepiente del hecho al que se remite. Yo te quiero pedir la más sincera de todas ellas, pero sin atisbo alguno de querer anular mi acto. La disculpa que quiero pedirte es por recurrir, nuevamente, a la escritura como mecanismo para hacerte llegar mis pensamientos y emociones. Así como no es fácil decir las cosas de frente, tampoco quiero que creas que es más sencillo hacerlo por este medio, al contrario, en una carta no se puede dudar, no se tiene la licencia de corregir algúna acepción ni tampoco es factible modificar la voz. Si alguien, además de ti, llegara a leer este texto, se sorprendería de la vehemencia y seguridad con que puedo expresar mi emoción con las escasas dos décadas de vida que llevo a cuestas. Podré no conocer muchas cosas en el mundo por el somero tiempo que tengo en él, pero también me creo con la ventaja de nunca haber perdido esa maravillosa capacidad de asombro que es tan característica de la época infantil y que en muchas ocasiones llega a perderse con los años pueriles. A mí me ha pasado al contrario: con cada día nuevo que pasa también incrementan el abrigo y la anegación de cuanto ocurre alrededor.

Sería una necedad creer que las personas que vamos encontrando en la vida están predestinadas desde nuestro nacimiento, o incluso antes. No tengo duda alguna de que todo cuanto nos ocurre es la simple, y compleja, consecuencia de los actos que nos van forjando a diario. Por lo tanto, no puedo atribuirles ni a la Suerte ni al Destino, el hecho de compartir los últimos, y espero que también los venideros, días contigo. Tampoco soy creyente, ya lo sabes, pero en muchas ocasiones me he encontrado, en mis desvelos, con la imperiosa e incesante necesidad de buscar razón alguna para agradecer tenerte como compañera: para agradecer poder volar volar entre tus alas y desplazarme a lugares y situaciones que nunca antes había imaginado. Creer que todo a sido culpa mía, aunque es en pequeñas dosis una verdad a medias, me parece demasiado narcisista, así que, sin más rodeos, debo reconocer que el ser concupicente y portador de la otra parte del idilio, eres tú. Sin pretender que así fuera, me has abierto un cielo tan diáfano y perecedero que, cuando llega la noche, apenas y bajo de él para volver a buscarte entre sueños. No creas que te digo todo esto con el afán de recibir respuesta alguna, en realidad no estoy muy seguro de que quiera que leas la carta, pero si por alguna coincidencia llegaras a hacerlo, no  tengo mejor forma de decirte lo mucho que te aprecio sino mediante mis letras de mediano acomodo. 

Nunca dejes de soñar ni de volar, después de todo, son las únicas formas que tenemos para saber que estamos completamente vivos, y cuando lo hagas, no olvides que cuando lo haces, es para acercarte o alejarte, pero siempre en función de nosotros.


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