Certeza

escrita por Inés dedicada a Samuel

domingo 2 febrero 2014    4.50 corazones

Querido Sam:


Siempre he pensado que los números significan cosas… Son símbolos vivos de que algo está cambiando, de que algo se excita en el interior de las personas. Telarañas que creamos en algún nivel de nuestra mente. Por eso, se que no es extraño que sea justo hoy el día en que cumplo diecisiete años, que hoy sea diecisiete de enero. Espero que no olvidaras esa fecha, no me extrañaría. Pero era importante. 

Te quiero.

¿Te acuerdas de principio de año? La teníamos, una certeza. Una certeza y gritos. Otro año, otra historia. Son otros, todos: dolores, esperanzas, valores, metas, principios... Pero una sola certeza, irrefutable, ineludible, pura, latente.

Te quiero.

Y ¿sabes que? Nos la dijimos, me la dijiste, te quiero. Sonó a cielo, a tarta de manzana, a historias por escribir, a tinta nueva. Me la dijiste. Yo también lo hize, aunque no supiera su profundidad, aunque no pudiera delimitar la idea con mi mente. Pero la dije.

Te quiero.

Y mentiste. Para cuando me di cuenta de que el cielo era tormentoso, la tarta de manzana ya estaba estropeada y las historias habían desalojado la tinta, que maltratada ya se había secado. Siempre me preguntaré cuando empezó todo. Cuando empezaron los trucos, las mentiras. Las falsas modestias, los errores fabricados ¿cuándo? Pero no me voy a desviar. Esto, al fin y al cabo es una carta de amor ¿No sabes porque?

Te quiero.

Eres algo por lo que he reído, he llorado y he sentido cosas hermosas.

Te quiero.

Pero nunca te llegará esta carta. Ya no puedo levantarme. Ya no puedo sonreír, soy como un muñeco desmanejado. Pero no te preocupes, amor. He encontrado una solución, mi solución. La he encontrado en un cuchillo de la cocina esta mañana, y en una bañera caliente. Pero me estoy desviando, esto es una carta de amor. Asique digamos que moriré por amor. Y no es poético, y duele, y destroza. Pero da igual, doy igual ¿verdad?. Sólo hay un problema.

Te quiero.

Arde. Arde como infinitas estrellas sumergidas en el inalcanzable azul del cielo.
Vuela. Vuela sobre profundos bosques. Extiende tus alas, que nadie ose alcanzarte.
Camina. Camina deleitandote de cada brizna de hierba, cada canto de pájaro.
Susurra. Susurra nombres, ciudades, sentimientos, cosas insusurrables.

Arde, vuela, camina, susurra. Definitivamente, vive. No me sigas, vive.

Te quiero.

Sólo me queda un pregunta¿Es tan fuerte el amor? Seguro que muchos se han hecho esta pregunta a lo largo de su vida. Muchos hombres también han tenido que formularla y darla una respuesta. Supongo que me toca a mi. Y pregunto, ¿tan fuerte es el amor?

Tan fuerte como para dejar un trabajo, un sueño por el que hayas estado esperando toda la vida, tan fuerte como para viajar a otro lugar, tan fuerte como para abandonar a tu familia. No es fácil responder. Será por eso por lo que muchos se engañan. Se burlan, se esquivan a sí mismos y tan la respuesta errónea, pero más fácil: no, no es tan fuerte. Son aquellos que viven sin vivir, sin sacrificios, sin confiar realmente en las personas. En el amor. Y lo sabes.

Te quiero.

Y  por eso todo: los dolores, esperanzas, valores, metas, principios. Para eso, por eso. Diferencia, lo mío, lo tuyo. Y la certeza pervaleze, y no se rompe ni se desquebraja, ni se olvida con el paso de las horas. Nunca muere, pues allí donde y cuando mi corazón lata y mi boca respire estará mi certeza. 

Te quiero.

Ni es un juramento ni una sospecha.

Te quiero, no me olvides.


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