CARTE DE AMOR Y DESPEDIDA A AMPARO, MI NIÑA...

escrita por Cecilio Acebo del Valle dedicada a Amparo, un amor desaparecido

martes 7 febrero 2017    2.50 corazones

Niña:

       Entre tú y yo, nunca hubo necesidad de palabras para hablar de nuestro amor. Eran suficientes unos gestos sencillos o unos silencios

significativos. O una mirada .Sobraba todo lo demás. Sin embargo, creo que es necesaria, hoy, esta carta antes de que te   pierdas en        el

insondable abismo de la NADA, antes de que seas nada en la NADA.

       Tampoco he querido comenzarla con un "querida Amparo" o con un "amor mío", tan manidos, tan vacíos y tan hueros.

       Me dirijo a tí llamándote como siempre te llamé: Niña. Como te llamaba en los viejos y entrañables momentos de nuestra adolescencia,

de nuestra juventud o de nuestra madurez:Niña.

               Siempre te dije "niña mía" y tú, a mí, "mi niño", incluso cuando ya las "nieves del tiempo"   -ya ves: hoy abuso de una de las

metáforas que nos explicaban en las clases de Literatura y digo "nieves del tiempo", en lugare de canas, pero tu me entiendes ¿verdad?-  

visten, el pelo, de blanco. Sé que me entiendes y adivino una sonrisa triste iluminando tu rostro ajado por las arrugas.

         Quiero, con estas líneas, recordar   -y recordar es vivir-   momentos para nosotros inolvidables que han quedado impresos en tu retina y

en la mía. Momentos en los que ambos sabíamos cuán grande era nuestro amor que, si en un primer instante, fue deseo, derivó, a lo largo de

los años en cariño y respeto.

          Todo comenzó cuando éramos niños y nos sentábamos juntos en los pupitres de la escuela de doña Felisa y, más tarde, en el Instituto

y en la Facultad.

           ¿Recuerdas cunado nos intercambiábamos apuntes y en cada hoja, abajo, dibujábamos un corazón o cuando tu resolvías los problemas

de álgebra y trigonometría y yo traducía los versos de Cátulo y de Horacio...?. A veces deshojábamos una margarita diciendo aquello de "me

quiere...", "no me quiere..." y, a veces, también, hacíamos trampas para que el último pétalo coincidiese con un "me quiere...".

            ¿Te acuerdas del día de nuestra boda, niña mía...?. Fue un enlace sencillo en la vieja ermita, casi sin testigos. Solamamnte tu

 abuelo que sonreía con esa sonrisa sabia que guardan los abuelos.

            Después, la guerra, en la que todos perdimos una parte de nuestra vida y que intentamos recuperar, sin conseguirlo, más tarde.

Pero nosotros seguimos queriéndonos como siempre.

             Y ¿nuestro primer hijo...?. Yo estuve presente en el parto. Te ayudé a traerlo a este mundo de miserias. Sufrí contigo aquellos

momentos. Era carne de nuestra carne y fruto de nuestro amor.

             Más tarde, ya en la madurez, tuvimos todo el tiempo del mundo para nosotros y nuestros nietos.

             No puedo dejar de recordar momentos amargos: mi enfermedad. Aquellas fiebres tifoideas en las que estuviste permanentemente a

mi lado. Yo te sentía llorar en silencio mientras enjugabas mi sudor. Tuviste que dejar las clases para atenderme a mi. Y lo hiciste con amor y

sin medida.

              Hubo discrepancias, niña mia, pero fueron pequeñas y sin importancia. A tí te gustaba la primavera y sus amaneceres .Y Vivaldi.Y

Mary Trini. Yo preferia el otroño dorado con sus tonos rojizos o amarillentos y  a Chopin y las letras de las canciones de Luís

Eduardo Aute. Al fín, escuchábamos juntos, durante un atardecer, a Mary Trini ,  con los dedos de nuestras manos entrelazados.

               Niña mia: te has ido hoy a la NADA, por eso he querido escribirte esta carta y expresar en ella todo el dolor   -y el amor-  que llevo dentro.

               Estas líneas se irán contigo.  Colocaré el papel en aquella cajita de palosanto que compramos en Perú, para que alguien, no sé,

algún día, recuerde lo grande que fue nuestro amor.

               Ya no estás aquí. Te echaré mucho de menos y extrañaré tus besos y tus silencios y tu mirada. Tal vez un día volvamos a estar

juntos en algún lugar maravilloso que no sé cómo llamarlo.

                Hasta ese mometo, mi niña. No son necesarias más palabras.

                Te sigo queriendo...

 


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