Cartas para ti.

escrita por Nuria dedicada a una persona esencial en mi vida

jueves 13 febrero 2014    4.50 corazones

Él, siempre tan atento y responsable... Ella, la típica rebelde irrefrenable. Como si de una película americana con los papeles de los protagonistas cambiados se tratase, así era como ellos vivieron un noviazgo fugaz en la adolescencia, que hoy todavía sigue vivo en el corazón de ella.

Se querían mucho, pero se dieron cuenta tarde de que el amor no entiende de minutos, de que un tren si no lo coges se marcha, y de que nadie espera a que estés listo o a que te hayas puesto guapo, para marcharse y dejarte solo. Mil locuras fueron las que hicieron juntos. Locuras... dignas de dos personas rematadamente tralladas, y, sobre todo, incontrolablemente locos el uno por el otro.

Tanto se querían, que llegaron a hacerse daño. Si estaban juntos, terminaban por herirse; pero si estaban separados no podían vivir. Se necesitaban como se necesita el aire para respirar. Llegaron a sentirse vacíos al no estar juntos, hubo momentos en los que desearon no haberse conocido para no tener que pasar por todo aquello... hasta que llegaron a la conclusión de que eso era el amor. Entendieron que si duele, algo estás haciendo bien, y de que quien algo quiere, algo le cuesta. Comprendieron al fin que no hay que tener miedo a la vida, a la verdad, a los sentimientos. La vida pasa, y tenemos que jugárnosla por lo que pensamos y sentimos. "¿Qué importará el qué dirán?", pensaron ellos. Llegaron a la conclusión de que el amor era lo más bonito que les había pasado jamás, y decidieron vivirlo como sólo ellos sabían realmente: a lo loco.

Y así, entre locuras y alguna que otra comilona de perdices, aprendieron a quererse sin herirse, a no temer al futuro y apreciar el presente. Aprendieron a darlo todo en cada beso, en cada abrazo...

Ahora, en este preciso instante, quiero darle las gracias a él por haber vivido conmigo aquellos años tan locos. Yo, una anciana inocente que tan sólo desea poder darle un último beso a su marido. Me gustaría tanto que la vida me lo devolviera y poder decirle tantas cosas que se me quedaron en el aire... pero esta vieja comprende tarde que el tiempo se va, y ahora no puedo remediar lo que ya ha pasado, lo que ya se ha ido. Únicamente, me gustaría decirte, aunque sea por última vez, que te quiero. Sí, te quiero a ti, que sé que me lees desde donde quiera que estés. Te quiero, te quiero, te quiero... ¡Te quiero!


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