CARTA INACABADA A MI AMADA.

escrita por ÉZARO dedicada a FERNANDA MARIA

domingo 8 febrero 2009    3.36 corazones

.....no es más que la continuación de mi amor lo que viene a continuación. No es más que unas letras que se unen para intentar expresar lo que eres para mi, y de lo que quiero ser para ti, porque cada día, es un placer conocerte de nuevo, un encanto oír tu melosa voz, y es maravilloso para mis ojos, ver el rostro de la mujer que me ama, de mi cincuenta por ciento de mi cien, de mi todo.

 

Cada noche me acuestas y me arropas, y sé, que aunque me quede dormido, sigues allí conmigo, abrazada a mi pecho, dando todo tu amor en forma de calor, esperando que abra los ojos para decirme: buenos días, cariño!

 

Cada mañana, me despierto con el perfume de tu piel, con el cariño de tus manos, con los besos aterciopelados que me das, esos que tus labios dibujan en mi boca y por todo mi cuerpo.

 

Amada mía, mi Fernanda Maria, anduve desnudo, caminé solo y otras veces muy solo, y desde que te conocí, y tú a mi, me acompañas, y aunque los kilómetros momentáneos nos separan, has dejado aquí tu corazón para que cuide de mi y en tu maleta, llevaste el mío. Sabes que ellos no pueden vivir más solos, distantes; este año es el nuestro, el año del tú y yo, del te amo y del te quiero.

 

Quiero volver a amarte, a enroscar mi cuerpo con el tuyo, decirte bien de cerca que te amo tanto mientras hacemos el amor sin desviar mis ojos de los tuyos, en una atmósfera desenfrenada de pasión cubierta de complicidad y de caricias. ¡¡¡No quiero más quedarme callado!!! Quiero decirte que te amo, besarte como aquellas ocho horas que estuvimos en la alameda en tres bancos diferentes, sólo amándote con cada beso, con cada caricia y con cada mirada.

 

No sólo eres mi amada, también eres mi mejor amiga y la única compañera de viaje con la que quiero caminar, eres la continuación de mi cuerpo, que no termina en mis manos. Desde tu llegada, siento que tendría que vivir miles de años para poder decirte que te amo, porque tengo miedo de que los años que me queden de vida, aunque me queden cien más, no sean suficientes para amarte como te mereces, no quiero que se acaben nunca como esta carta, y si tengo que resucitar para buscarte otra vez, lo haré durante toda mi eternidad, para que con una rosa pueda sacarte esa sonrisa, por la que sigo cada vez más apasionado.

 

Lo único que quiero es que cuando pasen veinte, treinta, cuarenta años más o los que procedan, poder seguir despertándome a tu lado, contemplando tu pelo blanco, liso y salvaje, al tiempo que tu rugosa mano acaricia mi deteriorado rostro, llenito de arrugas, que ha sido testigo de numerosos besos y cariños tuyos, poder seguir teniendo fuerza para mover aunque sólo sea un dedo, y dibujar sobre tu pecho un corazón, para decirte que te sigo amando como el primer día.

 

 

Por último, sabes que esta carta no es más que la continuación de la última que te envié por correo, y que ésta, tendrá una continuación, por ello, y como de costumbre, continuará, no sin antes decirte: TE AMO, MI AMADA.  

 


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