Carta de un joven poeta a su padre

escrita por Kinjote dedicada a Mi padre

domingo 7 febrero 2016    1.75 corazones

Hola

Estuve buscándome en muchos rostros. Traté de saldar la deuda de abrazos que me dejaste de herencia sin quedar nunca satisfecho. Siempre te pensé más alto, más fuerte, más todo… Y ahora te veo de frente – detrás de ese vidrio, ese maldito vidrio-, con tus canas, tus afanes pegados en la ropa, con el seño que me grita que estás - estabas- orgulloso de mí y no sabes cómo decirlo: A los hombres no nos enseñan como amar.

Y no sé porqué lo que me viene a la mente en este momento es quejarme de la genética que no me regaló el gancho que tienes en el hoyuelo de la barbilla. Temo que tus arrugas sean mi camino. Temo que algún día alguien me encuentre como yo a ti ahora y las palabras se me atoren en el pecho: Papá.

Recuerdo el día en que me mostraste mi primera frontera, cuando clavaste aquellos troncos con el que era tu amigo, cercando y dividiendo aquel prado por los que aprendí a caminar. 

Otras fronteras fueron echando raíces en mi mente cuando crecí: Pobre no llega a la universidad, No importa lo que hagas tu apellido no sirve, No hay amigos; Los hombres no lloran, Eso no se toca, La poesía es de maricas; Los portugueses tienen mal gusto, los colombianos son ladrones, los venezolanos son flojos;… 

Y ahora papá has puesto entre los dos la frontera definitiva, te hundiste a ti mismo 6 pies bajo tierra. No escucharás como mis gritos tumbarán para siempre los troncos que otros clavaron en mi alma: 

Que ya no aguanto más, que me sabe a bosta de vaca la hipócrita excelencia que me enseñaron en la escuela de ingeniería – a la que asistí aún siendo pobre-; que amar a otra persona no es un negocio, no es un trampolín y menos un closet; que por mucho que busqué en mis viajes no conseguí las líneas pespunteadas de los malditos mapas. 

Adiós papá, te perdono.

PD:

Aquí, en la última longitud y latitud donde descansará tu cuerpo, dejo algunos de mis escritos. No los podrás leer – en vida tampoco lo harías-. Yo sólo necesitaba entregártelos. Te amo papá.

 

*

Me gustaría que estas tres cruces fueran sólo una referencia de aquel pueblo al norte de Jujuy en Humahuaca, portal a la Puna, que me hubiera gustado conocer contigo. O el recuerdo de la promesa de atravesar aquellos volcanes coronados de nieve que nos separan de Chile, para evitar el lugar común de bajarte la luna. Algunos cuando pasen por aquí y vean estas dos tórtolas harán volar la imaginación y crearán la historia de dos enamorados que se reunieron en este lugar, y estarán en lo cierto. Otros harán cábalas mencionando que el tres es el número de la perfecta armonía – de la que disfrutábamos-, principal atributo de los sucesos legendarios – que habitaban en nuestros sueños. No faltará quien diga que simbolizan a Júpiter, Neptuno y Plutón; a Isis, Osiris y Horus; a Brahama, Vichnu y Shiva; a Huitzilopoxtli, Tlaloc y Texcaltipoca; a Moisés, Jesús y Mahoma… Para mí fueron los testigos silenciosos de mi limbo –al esperarte-, de mi purgatorio – al escucharte-, de mi infierno – al saber que no querías saber nada de mí y que me sacabas definitivamente de tu vida.

*

Cuántas veces dije que me iba a atrever; que algún día dejaría la comodidad de la playa para nadar a tu encuentro, y no lo hice. Bastó ver a tu corcel regresar a la orilla - esta vez sin ti- para que por fin decidiera lanzarme al agua. Ahora que me hundo me pregunto a qué le temía: A dañar una cámara que cada semana se volvía más obsoleta; a convertirme en paria de un grupo al que nunca pertenecí; a que al nadar desnudo vieran mis cicatrices; a perderme mientras me buscaba; a encontrarte; o a ser feliz.

*

Pensaba que las palabras creaban puentes y ahora veo que destruyen edificios. El miedo sopló, sopló y sopló y logró tumbar el sueño. Hay una bruja que juega sobre mis cenizas y un hada que canta detrás una antigua tonada dedicada al perdón. No era una casa, no era una empresa, era apenas un café donde sentarnos a conversar y que no soportó el peso de la etiqueta que le pusiste. Periodista, amigo, Joaquín, Pereira, sólo cuatro palabras que no hacían equipaje. Mira, al fondo todavía renace un árbol.

*

Prometo que mi sonrisa no la borrarán los desengaños; prometo que mi inocencia no se irá volando cuando me mientan; prometo que a medida que mi currículo crezca no disminuirá mi capacidad de amar; prometo conservar el brillo de mis ojos.
“Todas las personas mayores primero fueron niños”, dijo El Principito.

*

Tú, yo, esto, todo aquello

sin sintaxis ni semántica

separados


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