CARTA DE LO INFINITO

escrita por Andrea dedicada a QUIEN HACE POSIBLE LA MAGIA (J.E.B.C)

lunes 30 enero 2012    3.74 corazones

Hola amor,

 

Te escribo estas letras mientras, en el sofá viendo la tele, te has quedado como casi todas las noches y me regalas esa imagen tan mágica de verte dormir como a un niño cansado al final del día, con una sonrisa de agradecimiento a la vida; para que, por la mañana cuando te despiertes, la encuentres entre las tostadas… porque decirte te quiero con un beso cada mañana se me antoja insuficiente porque pudo haberse convertido ya con el paso del tiempo, en un gesto cotidiano más, en una costumbre susceptible de perder su mágico significado.

Recuerdo lo que había antes de ti, casi nada, solamente un camino y es curioso, ahora lo veo, cuando caminamos sin saber bien hacia donde que, de repente, encontramos algo en ese camino que nos hace detener y, entonces, surge la duda de quedarnos o seguir, la disquisición entre si hemos encontrado lo que buscábamos cuando comenzamos ese errático caminar o de si tan solo hemos creído entretenernos con encantos etéreos y tan pasajeros como un beso. Sin embargo, aún aquí me quedo porque nada incierto me haría detener tanto tiempo.

Cuando no estamos juntos siento desde la distancia, que tus manos son aquello que más ansío, rodearme de tus brazos y de todas esas cosas mágicas que siempre me han valido, encontrarme prisionera entre tus besos, tu amor y tu persona, entre todas esas cosas mágicas que me han valido siempre. Y es que sólo amanece, amor, en las mañanas en que puedo besarte, sólo esas mañanas tienen la luz suficiente para ser día. Amor, nada me importa como tu piel me importa –la piel de tu deseo, de tu alma, y tu piel senescente- y no puedo detener mis besos en mis labios, mis labios que quieren, en los tuyos, convertirse en amor.

Déjame que llene de luz esta mañana, déjame que de luz llene estos besos y que mis labios llenen de luz todas tus mañanas. Déjame que recubra de versos mis labios y que versos, luz y besos sean tu eterna mañana. Déjame que de ti pretenda una caricia constante, un beso profundo y eternamente tus manos; pues busco en ti lo que en mi no encuentro, complemento para mi alma y un corazón sin hora. Quiero olvidar para siempre mi miedo con tus promesas y ser prisionera de tus redes –magnífica elección, pues tú comienzas donde yo termino- y las tejemos juntos hilo a hilo.

Recuerdo, al principio de los tiempos, durante días, semanas o incluso algún mes, te tuve, cuando aún apenas sabía nombrarte, en mi cajón de sastre, el compartimiento más inquietante de mi pensamiento; sin embargo, ya amanecida, amor, hoy sé que no quiero más mañanas sin ti, no quiero más luz de día, ni más sol brillante, ni más lunas, ni más noche en tu ausencia. Deseo tanto continuar en tu vida con esta magia, que la mía te prometo y te prometo mis años y un amor eterno, una caricia constante, un beso interminable y un siempre te quiero; y es que, del uno y para con el otro y del otro para y con el uno, lo bueno, lo mágico y lo bonito, es tan bueno, tan mágico y tan bonito que sobrepasa las barreras del amor, la amistad y el cariño, atravesando las fronteras de lo finito y lo infinito amándonos como se ama al amor, como a todas las cosas mágicas que hemos construido y como se protege un secreto o un tesoro –que es lo mismo-, así nos cuidamos y te amo, amor, como se ama al aire, al agua, a la sangre.


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