Carta de amor a mi esposa

escrita por Febarsall dedicada a Mi esposa

jueves 26 enero 2017    1.50 corazones

CARTA DE AMOR A MI ESPOSA

Mi querida y adorada esposa: si ayer en la juventud, el perfume de tu piel, el sabor de tus labios y el fulgor de tus ojos me volvieron loco de amor; hoy en la senectud, tu aroma etéreo sigue impregnando mis fosas nasales con la misma intensidad que entonces.

Tus labios, aún siguen ejerciendo la misma atracción sobre mí; tus ojos brillan a través del trasluz de tu mirada con el mismo resplandor; ¿y lo demás? ¡Ay! lo demás… Lo demás, no lo puedo describir.

No te importe amada mía, que tu piel ya no sea la misma que tiempo atrás  acariciaba con pasión y ternura. ¡No te importe, amada mía!  Si tu piel tiene surcos como canales tiene la mía, en ellos sembraremos nuestra ternura para recoger la cosecha que nace del amor imperecedero, pues la simiente que hemos sembrado, es la semilla del cariño sempiterno, la que ni el viento ni las tormentas ni los ciclones ni ninguna de las tempestades que azotan con tanta intensidad hoy al amor, son capaces de derribar el nuestro.

Amada esposa:  los cuarenta y ocho años de ininterrumpida felicidad que me has concedido, y de forma tan desinteresada, sólo posible en un alma igual que la tuya; alma que entiende que el amor es sacrificio, entrega, abnegación y demás virtudes que emanan del corazón. Por eso quedo hoy humildemente rendido y postrado a tus plantas.

Con los ojos llorosos, este setentón que alardeaba ayer de ser el “don Juan que conquistó tu corazón”, hoy se humilla a tus pies para verter en ellos las esencias de “aquellas rosas”, perfumes, que quizás  ayer no supe volcar en mis emociones ante ti.

Eras la rosa más aromada de la frondosa rosaleda que hace años tuve el encanto de visitar, y me diste tus pétalos sin clavarme las espinas que las rosas altivas clavan en el corazón de los hombres. Tú, la rosa más hermosa de aquel parterre, dejaste que mis torpes manos te separaran del rosal en donde eras la reina de todas ellas; te dejaste arrancar y derramaste tu fragancia por todos los rincones de mis pensamientos, inundando todas mis emociones de tus perfumes celestes que se impregnaron en mis atributos de varón, y que todavía siguen evaporando sus esencias que colman mis avideces y calman mis recelos.

Hoy, me rocío de sus aromas para que te impregne mi amor con la enorme intensidad del que pleno de ternura y de gratitud te sigue amando desesperadamente. Amor sempiterno, amor inacabable, amor que jamás se diluirá de mi corazón y que mi alma contempla como la obra más excelsa jamás vivida ni contada por ser humano.

Hoy sólo vivo para ti, esposa. Nada más que tú ocupas y llenas mi mente, mis prosas y mis estrofas emanan de las fuentes donde beben las mariposas y se crean el perfume de las rosas.

Eres el bálsamo de mis penas. El jardín de mis veleidades; de mis playas la arena, y el remedio para mis males. Quisiera que la diosa Olvido nublara aquellos momentos inciertos e indefinidos que dejan mi corazón constreñido y lleno de arrepentimiento.

Mi querida y adorada esposa, hoy en el pórtico de la felicidad, te miro y veo tu carita de rosa, y que quedo profundamente abstraído. Mi pecho pesa como una losa y queda junto al tuyo dormido.

¡Ay Esposa! Si el tiempo yo virara. Si pudiera volver al pasado, a tus plantas yo quedara eternamente aprisionado  Hoy el recuerdo me acibara y quedo humildemente a tu lado.

Tu  esposo.


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