Carta al amor distante

escrita por Fernando Cuya dedicada a

viernes 7 febrero 2014    2.63 corazones

¿Cómo puedo decirte tantas cosas? Quiero decírtelas, pero no es el momento ni el lugar adecuado. Sabes, a veces te odio. Te odio porque me soportas, porque soportas todo mi estado de humor cuando llego molesto. Te odio por eso y por muchas cosas más…, pero entre el odio y el amor…Te odio porque en las calles, cuando mis amigos me preguntan si tengo enamorada, no lo pienso dos veces: sale una voz dentro de mí que contesta con un sí rotundo, con un sí pausado, totalmente enamorado, con todo el amor que uno no puede frenar. Nunca antes me había sentido así. Sin embargo, cuando me molesto por estas cosas, me miras con esa mirada que sólo guardabas para mí, con ese brillo en tus ojos que me irradian, con esa mirada a la que trato de escapar, pero es una batalla inútil porque cuando me atrapas en tus ojos….nada puedo ocultarte, nada puedo decir y nada puedo entregarte, sino todo este sentimiento que duerme, pero que de a pocos se despierta, que de a pocos brilla en una mirada o en una sonrisa.

¿Qué me pasa? No lo sé. Trato de encontrar una respuesta. Busco en mis libros, busco incansablemente en varios ensayos alguna respuesta a todo esto. Los ensayos de Octavio Paz no me ayudan, mucho menos Ovidio. En realidad, ningún libro me ayuda. Me entra la desesperación por tratar de encontrar alguna respuesta a todo esto, por tratar de encontrarle una salida a todas estas ganas locas de volverte a ver. A veces, me invento alguna excusa, me las ingenio para buscarte. La distancia no importa, los kilómetros, las ciudades que nos separan, nada de eso importa porque hay algo dentro de mí que me guía hacia ti, que me lleva hacia ti sin pensarlo. ¿Qué me pasa? Otra vez me pregunto. Me tomo la cabeza. Tomo el café que tenía guardado para esta ocasión, pero me ayuda muy poco. Miro la botella de vino que tenía guardada en la repisa y sé que es la hora y el momento para sentarme frente a mi ventana para ver a la gente que caminan de un lado a otro de la calle. Miro el cielo despejado. Veo las estrellas: ellas me recuerdan que más allá de todo este alboroto, me recuerdan que son firmes testigos de cada soñador que las busca para encontrar alguna respuesta a muchas preguntas que se le presentan de pronto. Así, miro el cielo y busco las estrellas. Las encuentro y veo algunas constelaciones. (Todo esto me recuerda que somos pasajeros, pero ellas, a pesar de miles de años, ellas no se mueven y a pesar de que nosotros las buscamos, ellas nos miran desde siempre). 

 

Bebo el vino, saboreo el vino y lo disfruto. Tomo una hoja y un bolígrafo y te empiezo a escribir esta carta. ¿Por qué? Porque te necesito, porque necesito conversar contigo, porque en este espacio, porque en este momento, ya no existen las distancias entre nosotros: todas las barreras se han borrado. Escribo dejándome llevar por impulsos, por algo guardado muy dentro de mí, por algo que no puedo controlar. Cada palabra fluye libremente porque te busco, porque te encuentro en este espacio, porque no te irás, porque te quedarás a mi lado por siempre….Me alegro por esto, pero sé que mañana despertaré y, al igual que estos últimos días, despertaré con una lágrima entre los ojos por saber que despierto de un sueño del cual nadie quiere despertar. ¿El amor? No lo sé. Trato de averiguarlo. Créeme que trato de hacerlo. Sabes, alguna vez pensé en asesinar a Cupido. Traté de envenenar su flecha y “flecharlo mortalmente”. Un disparo certero en el “corazón” y todo acabaría muy rápido. Sin embargo, te recuerdo, te extraño y vence Cupido. Es una guerra ganada antes de empezar. Creo que la amargura será total porque la rabia será por dentro porque no te tengo a mi lado, porque te extraño a cada instante cuando voy al trabajo, cuando llegó a la universidad, cuando cae la tarde, en mi hogar, en mis pasos, en mi sombra, en mis días…te extraño y no sabes cuanto te extraño. ¿Cómo luchar ante esto? Respóndeme por favor. Respóndeme, te lo ruego. No. Es inútil, todo esto es inútil: trato de dialogar con una hoja, con algo que no es real, con un proyecto que algún día, quien sabe, el menos esperado de todos, algún día se hará realidad… 


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