Carta a la viajera ausente

escrita por Jenchan dedicada a T.

miércoles 13 febrero 2008    3.00 corazones

Carta a la viajera ausente:

  Llegaste con la brisa, aunque sería más preciso compararte con una tormenta de verano. De esas que se presentan sin avisar, descargan todo el poder de sus relámpagos preñados de(.....) y desaparece sin dejar rastro de su paso, solo quizás un árbol hendido, con las ramas retorcidas,clamando al cielo misericordia.

  Así te presentaste, alborotando toda una vida recta y disciplinada. Poniendo patas arriba un orden que en aquella época era esencial para mi supervivencia. Alterando mis normas, mis creencias, lo poco que me quedaba de cordura, el último hilo de lucidez del que me colgaba cada amanecer.

  Los dos sabíamos que eras ave de paso. Me lo dijiste el primer día “Soy de esas personas que no pertenece a  nadie ni a nada. Ningún lugar me atará”, te aseguraste de que comprendiera que las cosas son como son y no como nosotros deseamos que sean.

  A veces me permitías soñar con algo parecido a un futuro, no tan lejano ni hipotético, pero enseguida te cerciorabas de que eran solo delirios de esos que preceden al sueño profundo. Nada serio, decías, nada concluyente. Querías volar lejos, y ni yo ni nadie podría impedírtelo. Al final  nada lo hizo, cumpliste tu sueño, tus profecías.
 
  Te fuíste un día, volaste tal y como querías. No dejaste más que una nota. Un “Gracias” que a cualquier otra persona hubiera sonado impersonal, frío e incluso hiriente. Pero no a mi. Me tocaba aceptar las cosas como eran, no como yo deseaba que fuesen. Te habías ido, tal como habías dicho que harías. No habías incumplido el contrato, ni roto las reglas de tu juego. Yo tampoco, o quizás sí. Me había enamorado de alguien que solo amaba una cosa por encima de todo, su libertad.

   Tu recuerdo aún planea sobre la casa. Tu olor permanece en todos sus rincones; como un cuadro torcido que habla de tiempos mejores. No importa que abra las ventanas, deje entrar nuevas vidas por la puerta o sea yo quien abandone lo que durante un tiempo fue nuestro hogar. Cada vez que regreso ahí sigue tu fantasma, colgado de la lámpara, jugando al escondite con mis memorias.  A veces le hablo, le cuento que estoy creciendo, que he aprendido, que he tropezado y me he vuelto a levantar. Es como si fueras tú, o al menos esa parte de ti que me incitaba a superarme día a día.

  Ahora que no estás aquí, que viajas a través de medio planeta; intentando dotar tu vida de un nuevo sentido, lo entiendo todo. Comprendo que nunca  quisieras estancarte, atarte a ningún recuerdo, por hermoso que éste fuera. He necesitado tiempo, demasiado, para llegar a esta conclusión y descubrir que en el fondo soy como tú me veías, un alma libre encerrada en un cuerpo atado a sus prejuicios. Me han hecho falta muchas horas de meditación, de pensamientos oscuros que al final se transformaban en total claridad. De ese modo que me describías de madrugada al oído “You know darkness always turns into light”.  Deslizando en mi interior tu cálida voz susurrante, espantando todos los temores, creando un mundo solo para los dos.

  Hoy soy feliz.O creo serlo. No me importa la diferencia. He comprendido que todo lo que ya traemos con nosotros no es más que el equipaje que compartiremos con los que vendrán. He encontrado a alguien con quien seguir aprendiendo verdades ydesvelando misterios. No me hace falta nada más. De momento. Tengo la certeza de que llegará un momento en el que alguno de los dos querremos volar en solitario, y no pasará nada. He aprendido a aceptar las cosas tal y como vienen. He logrado crecer, pero aún me falta mucho camino por recorrer. Solo, acompañado, no lo sé. El tiempo lo dirá,  por ahora no tengo miedo del futuro.

   Presupongo que ahora estarás en algún rincón perdido del mundo, abriendo quizás los ojos a otras personas que como yo caminaban a ciegas. Dándoles algo más que tu cuerpo, un trocito de tu alma, dejando colgada en otros techos una parte de ti. Alguien para recordar y poder sonreír cuando llega el entendimiento. Y así es como debe ser. No hay crimen peor que cortarle las alas al viento.

  Por eso, ahora, cuando anochece mientras acuno entre mis brazos a la mujer que  ayuda a iluminar mi vida, te sonrío desde mi esquinita del mundo y soy yo quien te da  las gracias.


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