CADA DÍA

escrita por RUBN dedicada a las mentes que dicen adiós antes de tiempo

miércoles 1 febrero 2017    2.81 corazones

“Dame una pista más”, me dices, “dame una pista más”. Sólo Dios sabe las punzadas que siento en el estómago cuando oigo esa frase, mientras sonrío para hacerte creer que todo es un juego. No es un juego saber que voy a llegar cada la mañana, a abrir la puerta y a ver un rostro que no me reconoce. Créeme, no es un juego sentir el vació entre un extraño (yo) y su propio padre. Extraño, esa es la palabra, un extraño que se derrumba por dentro mientras mantiene un rictus que pactó consigo mismo en alguna noche de llantos. Y cada día me pongo la máscara más cuidada que tengo en el cajón para representar un teatro que no me hace feliz. No hay día en el que no te imagine diciendo “hijo, déjate de tonterías, porque sé que eres tú”. Pero nada. No lo consigo, no sé cuánto podré aguantar más, papá. Cuánto podré aguantar sin explotar. Siento odio por esos amigos imaginarios con los que mantenemos conversaciones sin sentido. He llegado a sentir celos de ellos, pensando que los reconoces y los comprendes mejor que a mí. Pero no sé por qué vuelvo cada día, y tampoco sé por qué lo hago con la esperanza de que un día cojas mi mano y me digas: “Roberto, sé cómo lo estás pasando, saldremos de esta juntos.” ¿¿Pero es que no recuerdas nada?? Tienes guardado en el bolsillo derecho del batín la foto de mamá, aquella que decías que era la mujer más bella del mundo, aquella que fue el pilar de mi vida, y que murió delante de ti, apoyada en tu hombro, una tarde de noviembre. Sé que no pudiste derramar ni una lágrima, papá, no importa, porque si hubieras sabido quien moría a tu lado quizá no seguirías aquí, y estarías donde quiera que ella esté ahora, abrazado a ella. No recuerdas quiénes son estos dos pequeños: Clara y Luis. Ojalá pudieras jugar con ellos como siempre lo hacías. Ellos te siguen queriendo, aunque dicen que su abuelo ahora es diferente. Me separé de mi mujer, papá. Sí, sé lo que hubieras dicho: “Hay que esforzarse más para que todo salga bien”. Aquí me ves, esforzándome, aun sabiendo que nada me está saliendo bien. Son estos dos pequeños los que me dan energías para seguir adelante, además de una estúpida certeza que me dice que antes de decir adiós a este mundo podrás darle un abrazo a tu hijo, sabiendo que es él, la persona que más te quiere y para la que siempre fuiste un ejemplo. Papá, sé que mamá te espera arriba, pero ella siempre fue una mujer con paciencia. Recuerda cuando te dijo: “Dale a tu hijo todo lo que necesite”. Pues bien, yo necesito un abrazo, papá, antes de que te vayas, necesito decirte todo lo que te quiero antes de que te reúnas con ella. Y seguiré viniendo a esperar ese abrazo con la mayor cantidad de fe que pueda reunir cada día.

 


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