Bécquer lo sabía

escrita por Saltarello dedicada a A Briguitte

sábado 7 febrero 2015    2.80 corazones

Querida Brigitte:

Ahora mismo estoy sintiendo la emoción incontenida de tus manos abriendo esta carta. Y el brillo de tus ojos, que se han puesto verde aceituna, fruto de tantos sentimientos encontrados. Puedo ver la sonrisa tímida que asoma en tus labios, e incluso sentir ese suspiro, en sintonía con los latidos de tu corazón, un poco acelerados. Puedo imaginarte elevando tu mirada al cielo, las lágrimas casi brotando, y el papel, bien asido en tus manos. Puedo escuchar en tu cabeza sonar a Enrique Urquijo diciendo: "aunque tú no lo entiendas, nunca escribo el remite en el sobre, por no dejar mis huellas". No he escrito el remite, no hacía falta. ¿Acaso dudarías cuando vieras esta carta? Yo nunca puse remite. Deberías estar ya acostumbrada. Como cuando me fui. No te dejé ni una dirección, ni una nota, ni un mensaje, ni una despedida. Sabes que lo mío no era ser políticamente correcto, pero he madurado. Sí, te reirás al leer esto, mas hace tiempo que no digo nada tan cierto.  El tiempo  pasa para todos enseñando a cada uno la lección que necesitamos. Es por medio de personas y situaciones que el tiempo te va descubriendo el camino. Y uno va aprendiendo, porque no le queda más remedio. Recuerdo que solías leer a menudo aquel poema que decía: "Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y, otra vez, con el ala a sus cristales jugando llamarán." He tardado muchos años en encontrarle un sentido a estos versos. Y ahora solo puedo decir que qué razón. Aquí me tienes, como oscura golondrina, volviendo, llamando a tus cristales para poder colarme dentro de tu balcón y volver  mis nidos a colgar. He comprendido también por qué tú no me has buscado en todo este tiempo, por qué tan solo me has estado esperando. Sabías que la oscura golondrina debía volar y que tú tan solo podías esperar el retorno de su migración. ¡Cuánta sabiduría escondes, mi querida Brigitte! Puedo ver ahora tu sonrisa triunfal, como cada vez que tenía que darte la razón y reconocer que me había equivocado. Porque me he equivocado, sí. Jamás debí marcharme. La oscura golondrina ha vuelto y necesita desesperadamente de tu amor. Y no me digas que ya no lo tienes, porque entornarás   los ojos, como cada vez que intentabas que me creyera alguna cosa. Sé que nuestro amor sigue ahí, intacto. Yo lo he sentido dentro de mí cada día. ¿Que por qué he tardado tanto en volver entonces? Porque la golondrina aún no había aprendido lo suficiente, no estaba preparada para regresar y posarse de nuevo junto a ti. Ahora sé que lo estoy, y ese es el motivo que me ha impulsado a escribirte esta carta. Puedo sentir como cierras el sobre con cariño y cuidado, respiras y sonríes mientras una lágrima tímida resbala por tu mejilla derecha. Y escucharás mi voz, casi susurrando, diciendo: Y Bécquer lo sabía, y no nos lo dijo. Quiso dejar que nosotros le diéramos sentido a sus versos.


En esta web utilizamos cookies, tanto propias como de empresas colaboradoras, para obtener datos estadísticos de la navegación de los usuarios, lo que nos permite mejorar la información y la publicidad que te mostramos y adaptarla a tus hábitos de navegación. Si continúas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Más información