Amor tardío

escrita por Francisco dedicada a Amor de juventud

sábado 4 febrero 2017    2.55 corazones

         Ya se que ha pasado mucho tiempo. Seguramente demasiado para asomarme de nuevo a tu vida, aunque pienso que no he terminado de salir de ella, adherido de alguna manera tu recuerdo a mis sentidos. Creo que cuando dejastes que me marchara, quedó una puerta entrabierta, ya sabes, mi manía de no cerrarlas aunque algunas veces dejaran pasar el frío.

        ¿Que por qué me acuerdo ahora de ti? No sabría decirte. Quizás porque tengo frío y miedo y hay un vacío en mi lleno de heridas que me escuecen como si echaran sal en ellas, o tal vez porque este noche he tenido un sueño triste y me he despertado en una cama anónima, solo entre sábanas arrugadas y el frío entraba por la ventana aunque estaba cerrada y brillaba el sol. Pero no pienses que es la soledad la que me empuja a extrañarte, es que en el sueño triste de esta noche he visto un paisaje lleno de luz y de silencio, un paisaje vacío, abandonado por todos los que lo hubiesen habitado: la soledad que queda tras la huída. Solo se distinguía una figura y eras tú. Tú con tu sonrisa de siempre dibujada en la boca. Entonces he comprendido que esa sonrisa era mi meta y hasta que no la alcance, no terminará mi pesadumbre. Muchas veces, cuando estoy abatido pienso en ti y mi amargura que es de color gris, en unos minutos se torna azul suave como la tonalidad del mar tranquilo de verano. Y es que nadie como tú ha sabido transmitirme ese impulso capaz de conectar de nuevo los circuitos necesarios para poner en marcha las ilusiones que desembocan en ganas de vivir, suficiente para descomprimir la maraña espesa que se acumula en el pecho y no me deja respirar.

        Aunque no te lo haya dicho nunca, tu siempre has sido como el viento que aleja las nubes negras, la mano que agarra mi mano para ahuyentar la soledad repleta de brumas que invaden mi alma. Y sin embargo no fui capaz de decirte que no te fueras o no supe quedarme a tu lado para hacer juntos la travesía.

        Me pregunto si mi nombre todavía está presente en tu memoria, si aún conservas alguna reminiscencia de mis caricias o se han transformado en granos de arena que resbalan entre los dedos. No se si recuerdas mi boca cuando besas otra boca, si algo de mi sigue viviendo en ti o me he convertido en un recuerdo borroso, caducado como la ceniza de un cigarrillo incapaz de mantener el equilibrio y cae, deshecha, al suelo.

        Seguro que tu ya no eres la de entonces y que, como a todos, los avatares de la vida te habrán arrastrado como a las hojas el viento en otoño. Yo tampoco soy el mismo y, aunque no se si en algún momento leerás esta carta, me gustaría que supieras que me duele el daño que te pude hacer, el fantasma de los besos que no fueron y quedaron detenidos en el tiempo, envueltos en el silencio que lo ocupa todo, incluso nuestra propia presencia. Por eso ahora te digo lo que tanto me costó decirte y lo hago con voz fuerte y rotunda, y lo escribo en mayúsculas para que quede constancia a lo largo del tiempo, porque lo que no se nombra se diluye, se borra, se abandona en el olvido como un silencio eterno. Para que eso no ocurra, quiero grabarlo en viento con palabras de fuego. TE QUIERO.


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